“Si hubieras estado aquí” – P. Felipe Herrera
La expresión de Marta y María al encontrarse con Jesús tras la muerte de Lázaro fue idéntica: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Más que un reproche por no haber llegado antes de que Lázaro falleciera, las palabras de ambas mujeres son una profesión de fe: “Tú eres más poderoso que la muerte, tu presencia nos salva de aquello que nos quita la vida”.
También nosotros creemos en ese mismo Dios Todopoderoso, Jesucristo, que peregrina a nuestro lado cada día. Habitualmente la fe nos ayuda a percibir su presencia consoladora en medio de las dificultades, pero en otras ocasiones Él parece del todo ausente, al punto que podemos cuestionarnos con sinceridad, desde lo profundo de nuestros corazones angustiados, si realmente Dios nos ha abandonado. De hecho, esta pregunta radical también saldrá de los propios labios de Jesús crucificado el próximo Viernes Santo. Y es que a veces Dios, en su plan inescrutable, se hace el encontradizo, y por más que queramos experimentar su cercanía, solo escuchamos su silencio. Así Él nos alimenta el deseo de su presencia y la conciencia de cuánto lo necesitamos.
Sin embargo, otras veces somos nosotros quienes prescindimos del Señor en nuestras vidas, especialmente cuando su Evangelio incomoda nuestras opciones personales. Nos puede suceder cuando en nuestras relaciones laborales o sociales se nos pide ser más generosos, pero la mezquindad vence en nuestros corazones. Nos puede ocurrir en la vida política, cuando el rencor y la soberbia no nos permite superar conflictos históricos y recomponer el tejido social buscando el bien común. En esas circunstancias es como si le dijésemos a Jesús: “Aquí no, Señor, en esto no entres, aquí no necesito tus mandamientos de amar a los hermanos, yo te avisaré cuando me seas útil”. Esa fue la actitud de muchos fariseos que, aun habiendo sido testigos de la resurrección de Lázaro, resolvieron matar a Jesús, porque no soportaban que desafiara sus vidas y, mucho menos, su religiosidad sin Dios, en la que ellos se bastaban a sí mismos para ser salvados.
La próxima celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo nos confronta con el misterio de su donación total por la humanidad, una entrega absoluta que solo podremos vivir en plenitud si lo acogemos en todos los ámbitos de nuestras vidas. En esta Semana Santa que se acerca, pidamos la gracia de jamás ser selectivos respecto de la presencia de Dios en nuestro día a día, de modo que sus palabras y criterios nos sean siempre habituales. Así podremos, como Marta y María de Betania, contemplar la vida nueva allí donde la muerte parecía tener la última palabra.
