09 Abr 2016

Empresarios y ejecutivos reflexionan sobre mensajes del Papa a la empresa

Guiado por el padre Samuel Fernández, un grupo de directivos de empresas debatió sobre los llamados del Papa Francisco contenidos en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, publicada a fines del año pasado. 

“Si ponemos en el centro la dignidad de la persona y el bien común, puede haber una nueva dirección positiva para la economía y la sociedad. El Evangelio y la ética no son una amenaza para el progreso, sino todo lo contrario: la ética nos permite distinguir aspectos del ser humano que la economía no ve y con ello se pueden tomar mejores decisiones que no tengan costos sociales altos, que luego se vuelvan en nuestra contra”. 

Así lo señaló el Director de Formación General de la Facultad de Teología PUC y asesor doctrinal USEC, padre Samuel Fernández, en el “Diálogo Evangelii Gaudium: ¿Verdades que incomodan?”, encuentro al que asistieron empresarios y ejecutivos interesados en profundizar sobre los mensajes del Papa Francisco al mundo de la empresa.

El sacerdote agregó que si se toma en serio la ética, se puede progresar con más equidad, confianza y paz social, y que de ese modo, se puede entender que el Papa critique tan ácidamente la “mano invisible del mercado”, su “autonomía absoluta” o las “teorías del derrame”,  con el ánimo de hacer un llamado a no dejar de lado la ética y la trascendencia del hombre como centro de la economía y la actividad empresarial. “Francisco denuncia que la inequidad es la raíz de todos los males sociales, en especial de la violencia”, enfatizó.

Más adelante, manifestó que en el documento el Pontífice llama a todos a involucrarse con quienes están socialmente excluidos, para lo cual distingue dos vías: la primera, de cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y promover el desarrollo integral de los pobres, y la segunda, de gestos más cotidianos de solidaridad. “Se tienen que dar ambas. No basta solo con que todos sean buenas personas con el prójimo. Hace falta dar soluciones a las causas estructurales de la pobreza y con sentido de urgencia”, manifestó. “Todos podemos responder desde el ámbito que nos desempeñemos, si logramos que cada decisión que tomemos tenga el foco puesto en la dignidad de cada ser humano y en el bien común”, dijo. 

Finalizada la presentación del documento, se desarrolló un panel de preguntas de los asistentes, en el que intervinieron el vicepresidente de USEC, Mario Pavón, y el past president, Ricardo de Tezanos Pinto. Éste último destacó que llama la atención la sintonía de los mensajes de Evangelii Gaudium con la carta pastoral de los obispos chilenos, publicada en septiembre de 2012, en la que llaman a humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile. “El papa Francisco también habla de la exclusión e inequidad. Esta exhortación nos llega directamente a los empresarios chilenos, porque nuestros obispos ya nos habían llamado a poner atención en este tema y porque hoy en día la exclusión e inequidad están presentes en el debate”, subrayó.

Coincidió con el padre Samuel, en que en este tema hay que actuar y que la opción preferente por los pobres no es exclusiva de la Iglesia ni del sector sin fines de lucro, sino corresponde a todos, incluso a organizaciones empresariales.

“Quienes adherimos a las enseñanzas sociales de la Iglesia entendemos que la misión del empresario  tiene relación con la dignidad de las personas que se vinculan con la empresa  y  también tiene que ver con el bien común”, explicó. Sin embargo, a su juicio, el Papa introduce una novedad, porque señala que además se deben multiplicar y volver más accesibles los bienes para todos, es decir, que el legítimo derecho a la propiedad tiene una hipoteca social. “No podemos vernos como dueños, sino más bien como administradores para el bien y el progreso de muchos”.

Con una reforma educacional ad portas, y luego una laboral, el ex presidente de USEC llamó a aportar al debate sin temor a introducir la dimensión de Dios. “El Papa nos pide que nos involucremos y, si no lo hacemos, corremos el riesgo de que prevalezca otro proyecto de hombre y sociedad, que tal vez omita la dimensión trascendente de la vida humana”.