Vivir en profundidad la experiencia del amor de Dios – Mons. Fernando Chomali
El Evangelio de este domingo retrata de cuerpo entero lo que significa ser católico. Ser católico significa vivir en profundidad la experiencia del amor de Dios y expandirlo a lo largo de nuestras vidas.
No se trata de palabras, de grandes sueños, ni grandes ideales. Se trata en el aquí y el ahora de nuestras vidas, darse hacia los demás con generosidad, a través de los recursos, destrezas, dones y habilidades que tenemos.
La vida es entonces vivir la experiencia de ser un don de Dios cuya vocación es ser un don para los demás. Es un amor concreto, eficaz y oportuno y, por ello, exigente. Dios dio la vida por nosotros y se convierte en la vara con la cual nos tenemos que vivir.
Otra característica es que es de carácter universal y se materializa en el prójimo, que tiene nombre, apellido y una necesidad concreta que ser cubierta. Y siempre, el desprenderse para quien está lleno del amor de Dios, es con alegría y gozo, porque lo mueve la certeza que el necesitado es el mismo Jesús.
Por último, el mandamiento del amor tiene una regla de oro que nos interpela día a día. Hacerle a los demás lo que quisiéramos que nos hicieran nosotros. Esa persona sola, necesitada de alimentos, ropa o medicamentos, que no tiene donde dormir, podemos ser cada uno de nosotros mañana. Eso es así, yo lo he visto.

