05 May 2020

#USECteConecta: Sobrevivir la Cuarentena, un ejercicio de voluntad y solidaridad – María Luisa Silva

María Luisa Silva |

Psicóloga y socia directora de la empresa Be Human

La vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, sino solo por falta de significado y propósito” 
(Víctor Frankl)

Hoy estamos enfrentando una de las crisis sanitarias, económicas y sociales más brutales de los últimos 100 años, no sólo por su magnitud y el contexto global en que se ha dado, sino porque ha afectado todos los ámbitos de la vida humana, desde lo más básico y primordial como la salud y la vida, hasta nuestro diario vivir; hábitos, formas de convivencia, formas de trabajar, vida social y familiar. Junto con esto, ha desestabilizado todas nuestras certezas, provocando en muchos profundas reflexiones en torno al sentido de la vida, a los valores que nos han orientado, las prioridades que hemos tenido y las trampas en que hemos caído; ambición desordenada de riqueza, miedo paralizante o arrogancia en el trato con los demás.

Durante este tiempo me ha tocado acompañar a mucha gente que está transitando de distintas maneras por esta crisis, algunos desde un sentimiento de abatimiento y sin sentido total, pasando por todos los matices, hasta algunos más esperanzados, que sueñan y anhelan un mundo más humano, solidario, colaborativo y con un mayor nivel de conciencia y conexión con los otros, luego de lo vivido.

Este retiro obligado que nos ha permitido parar y observar el enajenante ritmo que llevamos, cada vez más carente de sentido, ha hecho que frente a esta pandemia volvamos a conectar con lo más valioso que tenemos, la vida regalada y el valor y sentido que tiene caminar con otros para lograr nuestros proyectos de vida y trabajo con plenitud y felicidad.

Las experiencias de dolor, cuando son traspasadas, nos pueden dejar grandes regalos y aprendizajes, pero también profundas heridas y traumas. Los expertos en resiliencia saben que esto no depende sólo de uno mismo. Hay aspectos biológicos, de personalidad y sociales/culturales. La posibilidad de transitar de una manera sana, valiosa y positiva dependerá de la capacidad y voluntad que tengamos todos, de vivir esta crisis como una oportunidad de aprendizaje, desarrollo y transformación, desplegando nuestros sentimientos más elevados como la paciencia, empatía, compasión y el amor. En estos duros momentos cuando por distintas circunstancias nos sentimos estresados y cansados, es fácil abandonarse a los impulsos y al egoísmo que nos lleva a actuar con la lógica de “sálvese quien pueda”. Depende de la voluntad y la responsabilidad de cada uno en la familia, en el trabajo, con los colaboradores, vivir una vida más consciente y con códigos de convivencia donde la ética del amor y la solidaridad sean la brújula que oriente nuestras decisiones y acciones. 

Dar hasta que duela no se refiere sólo a entregar recursos materiales, sino también, a dar lo mejor de mí mismo en situaciones extremas donde aparecen con fuerza nuestras sombras, egoísmos, miedos y límites. Las situaciones de estrés, la sensación de estar en permanente alerta y amenaza por algo invisible como el Covid 19, la soledad y la distancia social, la angustia frente a una potencial pérdida de trabajo, el compartir espacios reducidos en la familia y la frustración de la pérdida de libertad y la incertidumbre son algunas de las circunstancias que están provocando fuertes sentimientos de rabia, tristeza, angustia, desesperación, ansiedad y depresión entre otros. 

Es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros legitimar nuestros sentimientos y al mismo tiempo activar la compasión que nos permite conectar con los otros para aliviar su dolor. Éste es el momento de dar sentido a nuestras restricciones y activar al máximo la empatía, la generosidad, la paciencia y la amabilidad. 

En este camino nadie se salva solo y así como muchos están dejando espacio y tiempo para realizar gimnasia y entrenamiento físico para aumentar la inmunidad, también es el momento de la gimnasia espiritual. Desde la fuerza que nos da el espíritu lograremos transitar por esta crisis con un profundo y misterioso sentimiento de gratitud hacia la vida y hacia todos los que nos acompañaron en este tiempo de dificultad para así, avanzar hacia una cultura donde verdaderamente comencemos a mirarnos como hermanos.

Es tiempo de dar hasta que duela o, aunque nos duela. Cuando tengas dudas, pregúntate nuevamente, qué haría Jesús en mi lugar.