15 Ago 2020

Una prueba que robustece nuestra fe – P. Hugo Tagle

El evangelio de este domingo nos presenta a una mujer cananea, una extranjera, que pide a Jesús que cure a su hija la cual “tiene un demonio muy malo”. El Señor, en un primer momento,  pareciera no escucharla. Su aparente distanciamiento nos resulta difícil de entender. Es casi una prueba. La misma que nos coloca tantas veces a nosotros, en que Dios espera que insistamos para ver si realmente queremos sinceramente aquellos que pedimos.

La actitud de Jesús no desanima a esta madre, que insiste. Su fuerza brota de su amor materno y de la confianza de que Jesús finalmente la atendería.

Recordemos la fortaleza de tantas personas ante la adversidad, que no se dejan amilanar ni abatir ¡La fortaleza y perseverancia logran mucho! Esa sola actitud es una gran lección que no da esta madre agobiada. Como dice el Papa Francisco: “Es el amor lo que mueve la fe y la fe, por su parte, se convierte en el premio del amor”.

Jesús, ante su insistencia, exclama: “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas. Y desde aquel momento quedó curada su hija”. Su insistencia es para nosotros estímulo para no desanimarnos, para no desesperar cuando estamos oprimidos o abatidos por las duras pruebas de la vida, sobre todo ahora con la pandemia del coronavirus. Jesús siempre escucha, está a nuestro lado, aunque pareciera que no lo vemos y pareciera insensible a nuestras peticiones. Es una prueba que robustece nuestra fe. Nosotros debemos continuar gritando como esta mujer: «¡Señor, ayúdame! ¡Señor, ayúdame!». Así, con perseverancia y valor. Y este es el valor que se alimenta y crece con la oración.

La pandemia nos debe llevar a crecer en la conciencia de la dignidad de todo ser humano. El creyente, como Jesús, al contemplar al prójimo lo ve como un hermano y no como un extraño, lo mira con compasión y empatía, no con desprecio o enemistad. Nos dice el Papa Francisco: “contemplando el mundo a la luz de la fe, el creyente se esfuerza por desarrollar, con la ayuda de la gracia, su creatividad y su entusiasmo para resolver los dramas de la historia”.

Pidamos la gracia de mirar a los demás con la misericordia que Jesús miró y atendió a esta mujer cananea.

¡Feliz y bendecido Domingo!