19 Ene 2024

¿Una buena noticia hoy? ¿En serio? – P. Felipe Herrera

Reflexión correspondiente al Evangelio del domingo 21 de enero de 2024 (Evangelio según san Marcos 1, 14-20).

Qué difícil se nos hace hoy a los cristianos ser anunciadores de buenas noticias en medio de un contexto de debacle social y moral tan grande. Es más, incluso nos puede pasar que nos cueste creer que haya realmente buenas noticias. Y, claro, el peso de la información cotidiana tan funesta deprime hasta al más optimista. Pero fijémonos en el evangelio de este domingo en que Jesús proclama la Buena Noticia (así, en singular y con mayúscula) e invita a creer en ella.

El gran anuncio de Jesús es que el Reino de Dios está cerca de nosotros, esa es la Buena Noticia que estamos llamados a creer y a vivir, es decir, la presencia de un Dios que hace camino con su pueblo. Y esa proximidad de Dios con nosotros se concreta en el mismo Jesús, que entró en la historia humana y asumió todas sus debilidades, dolores, injusticias, impotencias y desesperaciones. Basta mirar a Cristo crucificado para comprender que tenemos un Dios que conoce especialmente nuestros padecimientos. Y aquí la Buena Noticia adquiere su mayor potencia, porque la proximidad de Dios con cada persona es motivo, no de mero optimismo, sino de verdadera esperanza cristiana.

La historia de cada uno de nosotros, de nuestras familias, de nuestras naciones, de nuestro mundo, se transforma en Historia de Salvación en la medida que dejamos a Dios iluminarla y entrar en ella para redimirla. Todas esas situaciones nefastas que vemos por medio de las noticias o que hemos vivido en carne propia, son a la vez un grito de la ausencia de Dios y un motivo para mantenernos firmes en la fe de que el Señor de la historia tiene la última palabra ante el mal, porque amándonos hasta el extremo en la cruz ha vencido al odio, al pecado y a la muerte.

Es cierto que salir a dar esta explicación al mundo puede resultar difícil, especialmente porque estamos llamados a ser testigos de la esperanza más que maestros de teología. En la medida en que asumamos en nuestras vidas, en nuestra oración, en nuestros actos cotidianos los criterios del Evangelio, como el amor, la justicia y la fraternidad, podremos ser luz en medio de las tinieblas y poner en perspectiva el mal que pareciera dominar la sociedad. ¡Dios es infinitamente más grande!

No se trata de ser “buenistas”, no. Tampoco de ser optimistas ingenuos. Se trata más bien de tomar conciencia de que la realidad es mucho más amplia que las síntesis informativas a las que nos exponemos, pero sobre todo, de que hay un Dios todopoderoso que camina con nosotros en las dificultades y que allí, en medio de las múltiples complejidades sociales, nos llama a ser sus discípulos y anunciadores de la Buena Noticia. ¿Dejaremos nuestras redes inmediatamente para seguirlo?