16 Dic 2022

Un “Hombre Justo”, dispuesto a vivirlo todo de cara a Dios y no de cara a los hombres – P. Carlos Irarrázaval

En plena Novena del Niño Dios se nos regala en este último domingo de adviento, contemplar la figura de San José. Es el Hombre que, comprometido a ser esposo de la Virgen María –la “bendita entre todas las mujeres”, como la saluda su prima Isabel–, lo podríamos nombrar como el bendito entre todos los hombres, al ser escogido para hacer las veces de padre adoptivo del Redentor. 

Se lo califica de “hombre justo” y sin conocer una palabra salida de su boca se nos delata su talla en estas pocas letras de la Escritura. Buen ejemplo para nosotros en medio de las decisiones de cada día, en la empresa, en la familia, en la Patria o donde nos toque desempeñarnos. Este hombre Justo, delata con sus actos su amor verdadero. ¿Cómo se explica que esté dispuesto a repudiarla en secreto, solo diciéndole a ella, que no acepta su condición de embarazada y sus dichos de la acción Divina para ello? No puede desposarse con una mujer que en la condición de prometida, rompe la fidelidad matrimonial tan flagrantemente. Pero no quiere enfrentarla a la ignominia pública y al rigor de la ley contra las adúlteras, que debiera serle aplicada si la denuncia. Se delata como enamorado en una encrucijada vital ante sus dos amores Dios y su prometida.

¿Cuántas veces nos hemos visto en encrucijadas donde nuestro amor a Dios y a nuestras familias, se contraponen con lo que se nos pide desde la cultura y las exigencias del día a día? ¿Cómo lo resolvemos?

¿Estamos dispuestos a asumir como José, sobre nosotros el peso de lo que digan, por abandonar a la prometida embarazada, cuando todos creían que la embarazó y la abandonó? ¿Nos ha tocado por ser correctos, ser tildados de lo contrario? Quizás lo hemos vivido pero nos interpela el silencio adolorido de este “Hombre Justo”, dispuesto a vivirlo todo de cara a Dios y no de cara a los hombres. ¡Qué gran desafío tener siempre a Dios primero en nuestra escala de valores y comportamiento! Ese es el Amor más fuerte, como nos enseñaba Juan Pablo II en su recordada visita a nuestra Patria. 

Tiene que ser nuestro gran Socio y compañero en el trabajo, las decisiones y los proyectos; me tengo que atrever a confrontarlos con Él. ¿Señor, qué dices?, ¿qué opinas? Habla que tu siervo escucha… Y el Señor se manifiesta, de modo sutil pero claro: en José fue a través de un sueño, que le da la confianza y el impulso pero que no lo obliga. Gran tema… nadie me obliga, ni siquiera Dios… o mejor dicho muchos en este mundo me quieren obligar a hacer lo que no siempre quiero… Dios nunca me obliga. Me muestra el camino, me interpela, pero no me obliga.

Sigamos preparando el corazón para vivir esta Navidad, abiertos a los consejos del Señor, y tengamos como gran ejemplo a San José, que con su trabajo cuidó a Santa María y al Redentor.

¡¡Feliz Navidad!!