07 Oct 2021

Somos meros administradores en esta vida – P. Hugo Tagle

El evangelio de este domingo nos invita a una mayor radicalidad de vida y colocar el valor de nuestras posesiones materiales en su justo lugar para seguir a Cristo más libremente, sin los apegos excesivos a las cosas del mundo. Jesús no reprocha en el joven rico sus riquezas – aunque el exceso es un claro peligro para el alma – sino su apego excesivo. Se puede tener poco y tener un apego egoísta y, al revés, tener mucho, ganado en forma honesta y justa, y ser desprendido.

Nos dice el Papa Francisco: “Cuando Jesús fija la mirada en aquel joven, para nosotros hoy desconocido, mira a cada uno de los que ha llamado por el bautismo a la vida de cristianos. No mira tan sólo a los que llama a su pleno seguimiento. Llama más bien a todos aquellos que intuyen que la vida es más que diversión y pérdida de tiempo en naderías. Y es que quien entra dentro de su alma, descubre un vacío por llenar, un corazón por enardecer de amor, un ansia, un no sé qué de eterno, como ese joven, y que no estará tranquilo sino hasta llenarlo de lo único eterno: el amor de Jesucristo”.

Los ricos, tengamos mucho o poco, tendremos siempre algo a lo que no queramos desapegarnos, por lo que no podremos hallar descanso, no podremos porque optamos por los bienes que nos hacen mirar a la tierra y no al cielo. Quien conoce a Cristo de veras, es desapegado, desprendido, más libre.

Para poder amar a Jesús, es necesario que también le entreguemos nuestras posesiones imaginarias, como es el caso del honor, los afectos, y la fama, para que así podamos dedicarnos a buscar la gloria a Dios en todas las cosas. Nuestras posesiones no son nuestras, Somos meros administradores en esta vida. La próxima, es para dar cuenta del bien realizado en ésta. El deseo de Dios es que hagamos fructíferos nuestros bienes para beneficio del Reino en la tierra. Por lo tanto, nuestra obligación es cuidarlas y hacer uso de ellas según Su voluntad.

Pidamos al Señor nos libre de nuestras posesiones y aparte de nuestras vidas todo lo que sea superfluo. La riqueza consiste en tener a Cristo en el corazón y actuar de acuerdo a su voluntad.