Somos hijos de Dios y constructores del Reino – P. Carlos Irarrázaval
Hoy día 19 de marzo, normalmente en la Iglesia celebramos a San José patrono de la Iglesia Universal, del mundo del trabajo y también de la Buena Muerte, ya que con su trabajo cuidó a la Sagrada Familia y en brazos de María y Jesús partió la eternidad. Siempre será bueno para un cristiano invocar su intercesión. En especial en el mundo de la empresa y del trabajo. Qué importante es darle sentido a la vida laboral no sólo mirando a la familia a la cual cuido y mantengo con el fruto de mi trabajo sino también teniendo en cuenta cómo el trabajo me dignifica sabiéndome útil para los demás. Aprovechemos este día para renovar nuestro compromiso de hacer del trabajo, a imagen de San José, un bien no sólo para los míos sino también para los demás y un camino de santidad.
Pero este año el 19 de marzo cae en domingo de Cuaresma y por eso la fiesta de San José la celebraremos extraordinariamente el lunes 20. Hoy, en el Evangelio del domingo cuarto de Cuaresma, el Señor sana al ciego de nacimiento. En este trozo del Evangelio hay varios elementos que nos pueden ayudar en el camino de nuestra propia vida, como creyentes y como hombres y mujeres de trabajo.
En la fe vemos que le preguntan al Señor quién pecó, si el ciego o sus padres, para merecer tal castigo. El Señor deja en claro que las discapacidad o necesidades diferentes no tienen que ver con el pecado: no son un“castigo divino” sino una condición diferente que debemos saber contemplar y valorar. Qué buena cosa es lo que hoy nos ocurre cuando en la empresa debemos invitar a trabajar con nosotros a personas con capacidades diferentes. Antes la mayoría estaban excluidas en los procesos selectivos, hoy se los busca con ansias para poder cumplir con la cuota legal, ¡qué gran paradoja! Cuándo ves y conoces de cerca a alguien con capacidades diferentes, a veces llegas a “llorar” por tener tú esas capacidades que claramente no tienes.
En este texto evangélico el que no veía desde su nacimiento, y caminaba en la oscuridad,se encontró con quién es la Luz… San Juan juega con esa imagen preciosa, para decirte a ti y a mí hoy, quién es la Luz del mundo, que te puede ayudar a ver donde no puedes ver, a entender lo que no entiendes, a vivir con sentido esta vida tan revuelta.
El hecho narrado con sus detalles habla por sí solo. Pero lo que está en el trasfondo es la opción creyente: ¿crees o no crees? Los judíos aferrados a la letra de la ley como su gran bastón y seguridad terminan siendo incapaces de ver en Jesucristo al Mesías que esperan con ansias. Ven y escuchan las maravillas que hace, pero no creen. Sólo algunos pocos son capaces de vislumbrar la presencia del Mesías. Sepamos nosotros escuchar y ver a Dios, no sólo en la Biblia, sino también cada día, donde se nos revela en personas y acontecimientos concretos en medio de lo cotidiano del mundo del trabajo. Somos hijos de Dios y constructores del Reino: Él cuenta con nosotros, confía en nosotros, a pesar de nuestras debilidades, para trabajar con Él en su “viña”.
San José tenía un proyecto de vida y Dios lo descolocó completamente… cuando vio que era Dios quién se lo pedía, él se entregó a ese nuevo proyecto. El ciego de nacimiento vivía en la oscuridad… hasta que se encontró con el Señor, vio, creyó y lo siguió. Y tú, atrévete a buscar al Señor en esta cuaresma. ¿Qué vas a hacer después de encontrarte en serio con Jesucristo? ¿Qué ves? “No hay peor ciego que el que no quiere ver”… No podemos seguir impertérritos, si el Señor se nos ha manifestado en lo sencillo y cotidiano, tenemos que ser capaces de reaccionar y seguirlo a Él para transformar el mundo. Cada cual en su ámbito y en lo ordinario, no se necesitan súper hombres.
¡Este sí que es un emprendimiento que vale la pena!
Dios te bendiga
