06 Sep 2021

Solidaridad – Francisco Jiménez

Compartimos carta escrita por Francisco Jiménez, presidente de USEC, con motivo del término del mes de la solidaridad, en la cual nos invita a reflexionar acerca de la vigencia del mensaje de San Alberto Hurtado en relación a lo que estamos viviendo como sociedad y al aporte que como empresarios, ejecutivos y emprendedores cristianos estamos llamados a realizar.


Terminado el mes de la solidaridad instaurado en honor a San Alberto Hurtado quiero compartir algunas reflexiones.

A fines de 1941, el entonces padre Hurtado remecía las conciencias con su polémico libro ¿Es Chile un país católico? Su pregunta tenía que ver con los datos estadísticos que había recogido pero, sobre todo, era una interpelación a la forma en que nos relacionamos unos con otros y si vemos en los demás a un prójimo, respetando siempre su dignidad de persona, más allá de sus pensamientos o creencias. Por ello, en 1945, el padre Hurtado invitaba a los universitarios a tener «sus ojos abiertos al mal, no para deshacerse en crítica estéril, sino para remediar y construir. La única razón de ser crítico es ser constructivo, como la única razón para echar abajo una casa es edificar otra en su lugar».

Asimismo, en los duros años de la postguerra, marcados por la incertidumbre y por profundas transformaciones sociales, Alberto Hurtado, como creyente, reaccionaba contra el pesimismo de quienes hablaban de «un mundo en descomposición» e invitaba al sano, franco y generoso optimismo que brota de la confianza en la obra de Dios: «Si miramos nuestra vida a la verdadera luz de la fe, no tenemos sino razón para anidar la confianza y el optimismo, muy adentro, pero a condición que queramos, juzgarlo con ojos de fe».

¿Qué nos diría a nosotros San Alberto hoy? Obviamente no me corresponde a mí ni a nadie esa respuesta, pero es un buen ejercicio que cada lector la imagine. Me atrevo a suponer que las palabras de san Alberto resultarían incómodas, como lo fueron en su época, porque nos impulsarían a la autocrítica y, sobre todo, a ir más allá en nuestra toma de conciencia de todos los problemas humanos, con un sentido de urgencia.

¡Cuánta falta hace en Chile un liderazgo como el del padre Hurtado, capaz de orientar a tantas personas en la búsqueda del bien común! Sin embargo, esta misma carencia puede ser una oportunidad para aplicar todas nuestras capacidades y comprometernos activamente en la búsqueda de las mejores soluciones para un futuro más solidario, justo y humano.

Chile necesita con urgencia más solidaridad, no solo en lo material, sino en la forma en que nos relacionamos. Tenemos que ser capaces de construir un proyecto de país donde todos se sientan atraídos y tengan su espacio de colaboración.

Los mensajes de san Alberto, mantienen una vigencia impresionante. Nos quedan sus escritos y en ellos se encuentra una enorme riqueza intelectual, moral y espiritual. Volvamos a ellos en búsqueda de inspiración y optimismo.