Soledad Neumann – Propiedad privada y el rol de la empresa
Hace pocos días atrás el Ministro de Hacienda Rodrigo Valdés se refirió a algunos principios básicos que a su juicio, debiesen estar presentes en nuestra Constitución. Señaló por ejemplo, que un factor vital para una economía exitosa es un “Estado efectivo y mercados dinámicos, que se complementen y no se obstruyan entre sí”.
Hace pocos días atrás el Ministro de Hacienda Rodrigo Valdés se refirió a algunos principios básicos que a su juicio, debiesen estar presentes en nuestra Constitución. Señaló por ejemplo, que un factor vital para una economía exitosa es un “Estado efectivo y mercados dinámicos, que se complementen y no se obstruyan entre sí”. En relación a ello, aclaró lo importante que es el respeto a la propiedad privada como “elemento importantísimo en cualquier economía exitosa”, y que en nuestro país, este derecho está protegido “de manera robusta”.
Es reconfortante verificar que una autoridad de gobierno mantenga estas convicciones, que esperamos, sean compartidas por sus pares. Es importante que la Carta Magna contenga los principios ético-sociales que permitan pararnos en un piso sólido que trascienda los gobiernos de turno y cualquier tinte ideológico. Un marco para nuestra convivencia que tenga como pilares el respeto a la dignidad de todas las personas, de cualquier condición y la búsqueda del bien común.
Son muchos los principios que la Constitución tendría que consagrar para facilitar la continuidad por el camino de un progreso con rostro humano. Además de los pilares del respeto a la dignidad de todos, y la consecución del bien común, la inclusión de conceptos tales como la justicia, la solidaridad, subsidiariedad, la libertad (de expresión, de asociación, de enseñanza, de emprender, sindical, etc.) el desarrollo integral, los derechos y sus deberes aparejados, entre otros, deberían ser contenidos en la médula de la Carta Magna.
Sin embargo, en este espacio, considero importante destacar la relevancia de que nuestra Constitución reconozca e incorpore los aportes que el sector privado realiza para el desarrollo y crecimiento económico de un país. Es necesario recordar que la libertad de emprender es algo que dignifica a la persona, que está dispuesta a arriesgarlo todo por ver convertido su sueño en realidad. Y que cualquiera que emprenda un negocio, no lo puede lograr solo, sino que necesita rodearse de un equipo de personas que crean en el proyecto e inversionistas que apuesten por él. Es decir, el entorno de la empresa es una comunidad de personas que trabajan por entregar bienes, productos o servicios a los potenciales clientes en un entorno virtuoso. Toda empresa es fuente de trabajo, de creatividad, de innovación, de desarrollo para las familias de los colaboradores, proveedores, distribuidores y en general, apunta a generar un positivo impacto para la comunidad donde está inserta. Es necesario, entonces, ir más allá de las caricaturas de empresa que hemos visto el último tiempo y reconocer el valor social de ésta como un eje fundamental del proceso constituyente. Sin una economía sana y dinámica, no puede haber un desarrollo sostenido y no se crea riqueza para que sea distribuida con justicia.
Pero no hay que olvidar que el desarrollo, si bien es la base del progreso, no es suficiente para alcanzar otras metas relacionadas con justicia y equidad. Así como es importante proteger el legítimo derecho a la propiedad privada, que es el medio que asegura la autonomía personal y familiar de cada quien, es necesario también reconocer la hipoteca social que pesa sobre ésta. La propiedad privada es un derecho y a la vez una responsabilidad,y quienes poseen el capital son llamados a ser administradores eficientes y conscientes de su rol social. En palabras del Papa Pablo VI, “El desarrollo, es el nuevo nombre de la paz”.
Soledad Neumann R., Directora Ejecutiva USEC
Publicación: chileb.cl, jueves 9 de junio de 2016.
