Soledad Neumann – No importa el género, lo que vale son los talentos
El domingo 3 de julio, El Mercurio publicó una carta firmada por destacadas personalidades masculinas, en la que se hacía alusión a la nula participación de las mujeres en los paneles de discusión de seminarios, talleres, encuentros y foros.
El domingo 3 de julio, El Mercurio publicó una carta firmada por destacadas personalidades masculinas, en la que se hacía alusión a la nula participación de las mujeres en los paneles de discusión de seminarios, talleres, encuentros y foros.
Si bien la defensa a nuestra inclusión en el mundo y en el debate social se agradece, debemos reflexionar acerca del porqué las mujeres debiéramos estar presentes en estas instancias. ¿Se trata de un tema meramente de género? ¿Es una necesidad impuesta solo para cumplir con una “cuota” de representatividad femenina en un entorno masculino? Aunque creo que impulsar las “cuotas” para la inserción de mujeres en ciertas instituciones constituye un “acelerador” a nuestro favor, siempre he pensado que la meritocracia debe primar. La clave no está en invitar o no a una mujer a formar parte de un encuentro, seminario, ministerio u asociación por el simple hecho de ser mujer; como tampoco me parece que deba ser así en el caso de los hombres.
Lo que realmente nos debe importar son los talentos, la experiencia y la trayectoria de cada uno, sin distinguir en este reconocimiento el género. Pensemos entonces en paneles de personas, en los cuales sus integrantes se ganen un lugar por el aporte que puedan realizar a la ciudadanía sobre el tema en discusión y no porque son hombres o mujeres.
Dice el Papa Francisco en su Encíclica LaudatoSi’: “Cada uno de nosotros tiene en sí una identidad personal, capaz de entrar en diálogo con los demás y con el mismo Dios. La capacidad de reflexión, la argumentación, la creatividad, la interpretación, la elaboración artística y otras capacidades inéditas muestran una singularidad que trasciende el ámbito físico y biológico”. ¿Se refiere el Papa con esta afirmación a hombres o a mujeres por separado? Claro está que No. Sin duda su mensaje apunta a cada uno de nosotros, sin distinguir género. Y luego hace un llamado en su Exhortación Apostólica EvangeliiGaudium: “Más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que, desde su experiencia de acompañamiento, conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad del Espíritu (…). Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír”.
Así también, Michael J. Naughton, académico de la Universidad de St. Thomas, EE.UU; y autor del libro “Respeto en Acción: cómo aplicar la subsidiariedad en la empresa”–invitado por USEC a Chile y que el próximo 30 de agosto dará una conferencia sobre el tema en el Hotel W–, al referirse a este concepto, explica que “la subsidiariedad está basada en el entendimiento de que cada persona tiene derecho a ser respetada, y de que cada persona lleva consigo dones que debe emplear y desempeñar”. ¿Distingue Naughton en esta aseveración a hombres de mujeres? Nuevamente la respuesta es No.
Sin embargo, es esencial que nuestra sociedad se vuelva a mirarnos y sea capaz de reconocer en nosotras nuestras múltiples habilidades, nuestra capacidad de ver y enfrentar el mundo desde otro ángulo y el aporte que desde ahí podemos hacer a la comunidad en la que estamos insertas.
Pero no nos entrampemos en una discusión que nos enfrenta y divide. Por el contrario, respetémonos en nuestra dignidad como personas, aprendamos a reconocer nuestros talentos y saquémosles provecho. Trabajemos juntos por construir una sociedad inclusiva mejor, hombres y mujeres tenemos mucho que entregar.
Soledad Neumann, Directora Ejecutiva USEC
Publicación: ChileB, martes 12 de julio de 2016.
