30 Jul 2021

“Señor, danos siempre de ese pan” – P. Hugo Tagle

Continuamos reflexionando en torno al capítulo 6 del Evangelio de San Juan, cuyo centro es la Eucaristía, el “pan de vida”, Cristo mismo. Aunque el pan que sustenta nuestra vida es necesario, hay otro pan, otro alimento, que se hace eterno para nosotros. 

Jesús es el verdadero pan de vida que Dios nos ha dado para dar sentido a nuestra existencia. La revelación joánica de Jesús: “yo soy” (ego eimi) es para escuchar a Jesús y creer en Él, ya que ello, en oposición a la Ley, nos trae el sentido de la vida eterna. Ya vimos el domingo pasado que el relato de la multiplicación de los panes era la “excusa” del evangelio de Juan para este discurso de hoy.

Ese pan de vida nos renueva en el espíritu, nos transforma para vivir de acuerdo con nuestra verdadera condición de hijos de Dios, nos libera de lo que nos aleja de Él. Con la recepción frecuente de la Eucaristía recuperamos un corazón y una mente abiertos y sensibles a las llamadas del bien, de la verdad, de la belleza.

La vida del creyente en Cristo consiste en aprender de Él y, aún en nuestra pobreza y fragilidad, adoptar un estilo de vida conforme con el proyecto de Dios para nosotros. Esta novedad, nos asegura San Pablo, no procede de nosotros, sino que es don de Dios (Ef 2,8).

¿Qué es lo que buscamos y lo que centra nuestra vida y trabajo? Solo Jesús sacia todos nuestros anhelos. Dada nuestra hambre existencial, no podemos prescindir del alimento que perdura para la vida eterna. El pan de vida que nos abre a su amor y al de los demás, sobre todo los más pobres y vulnerables. Nos dice el Papa Francisco: “Jesús no elimina la preocupación y la búsqueda del alimento cotidiano, no. Tampoco elimina la preocupación por lo que nos puede mejorar la vida. Más bien, Jesús nos recuerda que el verdadero significado de nuestra existencia terrena está al final, en la eternidad, está en el encuentro con Él, que es don y donador, y nos recuerda también que la historia humana con sus sufrimientos y sus alegrías tiene que ser vista en un horizonte de eternidad, es decir, en aquel horizonte del encuentro definitivo con Dios, nuestro Padre”. 

Comenzamos el mes de agosto, mes de la solidaridad en Chile, por la fecha de la muerte del Padre Alberto Hurtado, el 18 de agosto. Que su figura y amor a los más pobres y vulnerables nos ilumine e inspire nuestro trabajo en este mes. 

¡Una bendecida semana!