12 Feb 2021

Queridos hermanos – Mons. Cristián Roncagliolo

Este domingo somos testigos del encuentro del Señor con el leproso. El hombre enfermo le pide a Jesús el don de ser curado. Cómo vemos el efecto sanador del Señor va más allá de la enfermedad porque le devuelve al enfermo la alegría y el don de volver a estar con los demás, la gracia de la integración.

Sin duda, la lepra requiere de un análisis. Esta enfermedad, en la época de Jesús, no solo quitaba la vida sino que hacía que quien la padecía sufriera el aislamiento y la marginación.

En nuestros días, si bien esta enfermedad está superada, por otras causas muchos viven los mismos efectos sociales de la lepra y requieren ser reintegrados a la sociedad. Este desafío es complejo no solo porque debemos traerlos a la comunidad sino porque estamos llamados a desentrañar las causas que producen las mismas consecuencias de la lepra.

Es difícil resolver el punto porque tendemos a pensar que esta marginación proviene de causas solo económicas o sociales. Y nos abocamos a ellas automáticamente. Sin embargo, los nuevos leprosos de hoy viven los efectos de esta enfermedad muchas veces por que tenemos una propuesta de felicidad, de realización, de sentido, esencialmente abocada a aspectos materiales.

Por todo lo anterior, una propuesta que parece brotar naturalmente del Evangelio de este domingo es que los cristianos avancemos en ser puentes de integración social y de encuentro, buscando sanar todas aquellas enfermedades sociales que segregan, aíslan o dejan en la periferia a tantos hermanos. Y este camino pasa por el respeto y la dignidad, por las oportunidades y por la consideración a cualquier otro como hermano, compañero de camino. 

Que la cuaresma que iniciamos el próximo miércoles se convierta en una renovada oportunidad de conversión y de trabajo mancomunado para ir al encuentro de los que están en las periferias y les mostremos caminos de reintegración social. 

Feliz Domingo.