09 Dic 2023

Para prepararte el camino – P. Felipe Herrera

Reflexión correspondiente al Evangelio del domingo 10 de diciembre de 2023 (Evangelio según san san Marcos 1, 1-8).

Dios podría haber venido a nuestro encuentro de muchos modos, especialmente manifestando su omnipotencia y la total diferencia con nosotros, sus creaturas. Pero, muy por el contrario, no quiso que permaneciera la brecha que el pecado había abierto entre Él y el género humano, de modo que optó por asumir nuestra condición frágil. Por eso se hizo carne, se hizo debilidad, y habiéndose hecho uno de nosotros, eligió la austeridad, la sencillez de una vida sin comodidades, como hasta hoy vive la mayor parte del mundo. Y esto no bastó.

El Hijo de Dios podría haber llegado hasta nosotros de sopetón, sorprendiéndonos, casi asustándonos con su presencia estremecedora y, sin embargo, quiso preparar su venida. El tiempo de Adviento nos ayuda a descubrir esa progresión con que Dios se fue revelando, primero a través de los patriarcas, luego por medio de jueces que condujeron a su pueblo, después por los grandes y pequeños profetas, hasta hacerlo finalmente Él mismo, de modo total, en su Hijo Jesucristo.

Pero Jesús fue inmediatamente precedido de un hombre que recibió el mandato de preparar el camino del Mesías, de Aquel prometido que llegaría a salvar a cada persona, a recomponer esa relación rota con Dios, a revertir esa interrupción del flujo de gracia de un Dios que jamás se ha cansado de buscar a cada pecador para darle lo mejor, para hacerlo pleno.

Y fue Juan Bautista quien, primero con su voz y luego con el testimonio de su sangre, preparó aquel camino en medio del desierto para que Dios llegase a los corazones. Su rol en la Historia de la Salvación es de suma importancia, pues dispuso a miles de personas para acoger al mismo Dios que venía a su encuentro. Pero también es de suma importancia el rol que cumplimos cada uno de nosotros para preparar el camino que puede permitir que Dios llegue a tantos hombres y mujeres con que nos encontramos a diario.

Para cumplir este cometido, que es propio de la vocación misionera de cada bautizado, podemos comenzar por no ser nosotros obstáculos para que otros crean en Jesús y conozcan su amor gratuito. La incongruencia de nuestra vida ante quienes buscan a Dios, pero aún no lo han encontrado, puede ser un punto de no retorno para quienes se estaban acercando a Jesús. Pero pongámoslo en positivo, siempre es mejor así. Nuestro testimonio de vida cristiana bien vivida, en sintonía con los valores del Reino de Dios, de justicia, compasión, caridad y paz, es un modo excelente para construir senderos, caminos, puentes y hasta autopistas por las que transite la gracia de Dios hacia los demás.

Eso es hoy preparar los caminos para que Jesús llegue al mundo: ser coherentes anunciadores de su Evangelio con nuestros gestos cotidianos, preñados de misericordia y de anhelos de una fraternidad que engendre la justicia en la sociedad. Y eso lo hacemos actuando, más que hablando, pues nuestra coherencia es mucho más elocuente que cualquier predicación. Sí, es cierto, la voz de san Juan Bautista atrajo a muchos a la conversión, pero fue su testimonio desde la cárcel y su vida derramada lo que rubricó la credibilidad de su mensaje. Por eso, hasta el día de hoy, su figura sigue acompañándonos en cada Adviento a preparar la llegada del Mesías.