04 Mar 2022

No caigamos en la tentación – Mons. Fernando Chomali

El Papa Francisco nos está invitando a que vivamos con intensidad un tiempo de oración y ayuno. Vivimos tiempos de guerra que según sus palabras son tiempos demoníacos que hay que expulsar. Como dice Mateo, esta clase de demonios solo salen con oración y ayuno. Hemos visto con fuerza la ausencia de paz, de justicia, de misericordia en esos rostros angustiados, adoloridos y hambrientos que produce la guerra. No podemos quedar indiferentes aunque estemos lejos. La Iglesia nos pide que nos involucremos sometiendo nuestro cuerpo a la privación que implica el ayuno para que quede claro que promovemos el espíritu por sobre la materia. La tentación a la que están sometidos algunas personas  en el mundo de tener más poder, más “gloria”, mayor dominio sobre los demás, más riqueza nos tiene a todos en un hilo. 

Si queremos saber cómo actúa el demonio tenemos que leer y meditar el Evangelio de este domingo donde el mismo Jesús, que no hizo alarde de su condición divina, sino que se anonadó hasta el extremo, sufrió tentaciones durante su retiro antes de vivir la experiencia –dolorosa y gloriosa al mismo tiempo– de su muerte y resurrección. Jesús, consciente de su condición divina, no cayó en la tentación de convertir las piedras en pan, porque pudiendo hacerlo hace ver que no sólo de pan vive el hombre, sino que de la Palabra de Dios y de todo lo que sale de su boca.  Lo tentó también ofreciéndole el reinado de todo cuanto existe bajo la condición que se postre ante un ídolo, a lo que Él responde, que hay un solo y único Dios a adorar. Por último, lo tentó también de mostrar su poderío al pedirle a los Ángeles que lo salven, pero Él hizo ver que no corresponde tentar a Dios porque Él es Dios. 

En estos tiempos de incertidumbres, donde la tentación es “salvarse solo”, creo que sería un buen ejercicio detenerse un momento en el quehacer de la vida diaria y preguntarse qué es aquello que es motivo de tentación y que definitivamente reconocemos que nos aleja de Dios y qué es aquello de nuestras vidas que tenemos entregado a la divina providencia. Nos llevaremos sorpresas. Les recomiendo, por último, leer y meditar con insistencia, fe y gozo el salmo que rezaremos este domingo en la misa. Nos da confianza porque nos dice que estamos protegidos bajo el amparo del Altísimo.