20 Mar 2020

Mirar con Fe este tiempo de tribulación – Mons. Cristián Roncagliolo

Comentario del Evangelio – Domingo 22 de marzo de 2020

Evangelio según San Juan 9, 1-41

Mirar con Fe este tiempo de tribulación

El Evangelio de hoy nos presenta el conmovedor relato donde el ciego no solo es sanado de su enfermedad, sino que hizo un camino que lo llevó a confesar la fe en Jesucristo: “Creo, Señor. Y se postró ante él” (Jn 9, 38).

Los recientes hechos pueden ser una oportunidad para curar también nuestra propia ceguera. En efecto, la grave pandemia ha trastocado la vida diaria y generado preocupación e incertidumbre; hemos debido cambiar horarios, modos de trabajo y, en general, varios hábitos sociales. También estamos invadidos por la inseguridad de no tener el mañana programado, de vivir al día, sabiendo que no podemos organizar eventos, juntas, y otras actividades sin el riesgo de que deban ser suspendidas. Esto ha suscitado una gran tribulación.

Pero, con la mirada de Fe, esto es una oportunidad para dejar atrás la ‘ceguera’ del materialismo y de las necesidades innecesarias, para abrir nuestros ojos a la realidad de Dios, sabiendo que Su luz nos hace ver la verdadera luz. Este tiempo parece providencial para hacer un mea culpa reconociendo que muchas exigencias actuales nos han hecho ciegos frente a las cosas de Dios y nos han llenado de mitos acerca de cómo vivir, haciéndonos creer que necesitamos muchas cosas para estar bien; que la felicidad de los jóvenes depende de los carretes y del trago; que la felicidad de la familia está anclada en el buen pasar y en la comodidad; que la alegría verdadera es instantánea y sin responsabilidad por el futuro; y que el amor se mide más por la autosatisfacción que por la donación. En pocas palabras el amor sin cruz, la felicidad comprada, el confort desmedido y el exitismo material, son las falsas certezas postmodernas, que la pandemia pone en jaque.

Por ello, este tiempo de pausa obligada puede ser una oportunidad para discernir sobre lo verdaderamente importante. Y, sobre todo, es una oportunidad extraordinaria para volver la mirada y el corazón hacia Dios.

No puedo concluir sin invitarlos al encuentro cotidiano con el Señor. Eso fue lo que sanó al ciego y le vigorizó la fe. En tiempos de tribulación como el que vivimos volvamos a la oración pausada y en familia, a la contemplación de los misterios del Señor, a la certeza que solo Él tiene Palabras de vida eterna. Y de corazón espero que este tiempo donde la eucaristía será celebrada de modo privado, sin asistencia regular de fieles, sea una oportunidad para renovar y acrecentar nuestro hambre de Dios.