01 Abr 2016

Miguel Luis Lagos – Empresa y vida

Quería partir esta columna para aportar una opinión desde la empresa a la discusión sobre la ley de despenalización del aborto en Chile. Aunque podría dar argumentos varios desde lo personal, me sorprende la polarización en que nos hemos sumido como sociedad, donde parece que hubieran dos grandes bandos, irreconciliables, que se hacen cargo de un paquete de ideas, donde nadie parece escuchar ni convencer a nadie. 

Quería partir esta columna para aportar una opinión desde la empresa a la discusión sobre la ley de despenalización del aborto en Chile. Aunque podría dar argumentos varios desde lo personal, me sorprende la polarización en que nos hemos sumido como sociedad, donde parece que hubieran dos grandes bandos, irreconciliables, que se hacen cargo de un paquete de ideas, donde nadie parece escuchar ni convencer a nadie. 

Peor aún, estos bandos son de elección popular y por tanto responden a un electorado que está más preocupado de asegurar de que lado de la discusión se está, como un todo y no desde lo particular. Es absurdo pensar que una persona por ser de derecha, centro o izquierda, va a coincidir en temas tan variados y disímiles en importancia y valores, como el acceso a las playas, la carga tributaria, las leyes laborales, el aborto, la penalización de fraudes y colusiones, el acceso a la cultura y las artes, el respeto de los derechos humanos, etc, etc y etc…. 

En cualquiera de estos temas sin duda vamos a encontrar muchos otros sub temas asociados y opiniones tan transversales y variadas, como habitantes y compatriotas que somos. Algunas opiniones serán de corazón, otras fundadas en las experiencia -buenas y malas- otras en el temor, otras en el altruismo, otras en el egoísmo. Y ninguna estará asociada a un estrato socio económico, a un grupo etario determinado, grupo étnico o religioso. Encontramos opiniones que dividen de forma irreconciliable en muchos temas a arquitectos con desarrolladores inmobiliarios, a psicólogos y psiquiatras, a naturistas y científicos, soñadores y prácticos, liberales y conservadores, solteros y casados, arriesgados y precavidos, fondo A contra E, filatélicos y cartofilios, futbolistas y basquetbolistas, colocolinos y cruzados (perdónenme los chunchos!), abogados y médicos, empresarios y emprendedores, economistas y comerciales y no me quiero ni meter en los partidos políticos de las grandes coaliciones. O sea, que por decir sólo algunas cosas, pensamos, decidimos y actuamos de una forma mucho más diversa e impredecible de lo estereotipado y moldeados que suponemos ser. 

Vuelvo entonces al origen de lo que quería ser la columna y trataré de decir algunas cosas e ideas, que desde la reflexión personal y mi propia experiencia, podrían servir para aportar desde la empresa a una cultura pro vida en nuestra sociedad. Partir diciendo, que no es posible hablar de vida o de opción a la vida, sin abrir los espacios y las oportunidades para poder darle curso a ésta. Hablar de vida, es hablar de respeto, de inclusión, de escucha, de comprensión, de fraternidad, de compasión, de desafíos y de sueños. Para incluir entonces a la empresa, necesariamente deberíamos pensar en temas relacionados a la dignidad del trabajo, la inclusión de discapacitados, recluidos, inmigrantes y necesitados.  Oportunidades de un trabajo que fomenta el desarrollo íntegro de las personas, que es compatible con su vida familiar y social, que es compatible con las creencias y los valores propios. Un trabajo que permite que crezcamos y desarrollemos nuestras capacidades. Un trabajo que nos desafíe, nos motive y nos impulse a llegar más allá de lo que jamás soñamos. Un trabajo que nos permita crear. Una empresa donde podamos compartir. Ayudar y ser ayudados. Una empresa que asuma su rol fundamental dentro de la sociedad, en cuanto a la construcción de cultura, de una cultura social, al desarrollo económico y social que la convierte en parte de un esquema de desarrollo social donde todos ganamos. 

Pienso entonces en las empresas (y parto por la propia) y me pregunto si contribuye el ambiente de trabajo, las responsabilidades asignadas, las cargas de trabajo, los objetivos, los beneficios, los reconocimientos, los logros y los fracasos, a la construcción de una sociedad más próspera, justa, solidaria y humana. Antes de dar opiniones, de incentivar la radicalización, el odio social, los extremos, la demonización, los temores y la irreconciliación política y social, la empresa puede dar grandes espacios, en un espacio distinto, donde compartimos un emprendimiento y una empresa común, para mostrar que la diversidad y las distintas opiniones aportan a la construcción de esta sociedad que tanto deseamos.

Incluso escuchar aquello que no nos gusta, nos permite muchas veces entender, perdonar y pedir perdón. Todos tenemos algo que decir, todos tenemos historias que han ido tejiendo ese espacio desde el cual hablamos. La empresa entonces debe aportar a que dentro de sus límites de influencia y acción se den espacios para el desarrollo permanente de la vida, de una vida que nos parece lindo poder vivir.

Miguel Luis Lagos Ch., Director USEC, Empresarios Cristianos.
Gerente General Constructora LyD (empresa B).