María Angélica Zulic – Ética y Empresa: la primacía de la persona
Próximo a visitar nuestro país está el académico español, Doménec Melé, quien por más de 20 años se ha dedicado a profundizar en el área de ética empresarial y en la aplicación de la filosofía en la gestión.
Próximo a visitar nuestro país está el académico español, Doménec Melé, quien por más de 20 años se ha dedicado a profundizar en el área de ética empresarial y en la aplicación de la filosofía en la gestión. Ámbitos que antes parecían no tener ninguna relación, hoy prueban ser interdependientes y relevantes.
La ética es la rama de la filosofía que estudia el comportamiento, en cuanto al bien o al mal que se deriva de éste y por cierto, ningún tipo de comportamiento humano es amoral, incluida la actividad económica y productiva. Es más, las empresas han adquirido un rol tan relevante dentro de nuestra sociedad, que con mayor razón deben ser gestionadas con apego a criterios éticos claros y evaluados, puesto de las decisiones que se toman en éstas tienen repercusiones para muchas personas.
Al analizar los coletazos de los casos de abusos y malas prácticas empresariales, tanto locales como internacionales, se hace patente la importancia que tiene integrar la ética, en todos los aspectos de la gestión. No sólo en la misión, visión y declaración de valores corporativos, sino que en los procesos de planificación estratégica; en el establecimiento de evaluaciones a las habilidades más “blandas” de los colaboradores; en la redacción consensuada de códigos de ética, ojalá haciendo partícipes a todos los estamentos de la empresa, incluso a proveedores y otros stakeholders que puedan aportar a un proceso que luego debe socializarse y encarnarse en la práctica.
Ha habido sin duda un aprendizaje respecto a la importancia del “factor humano” en la empresa y una toma de consciencia de que el capital más importante a salvaguardar son las personas. La actividad empresarial cobra sentido en cuanto favorece el desarrollo humano y social y en cambio, cuando el fin es sólo utilitarista, ello termina siendo “pan para hoy, hambre para mañana”, puesto que pierde gran parte de su legitimidad.
Justamente estas temáticas son las que ha desarrollado Doménec Melé en su trabajo. Él comenzó enseñando su cátedra de ética empresarial cuando aún mayoritariamente en las escuelas de negocios, se difundían teorías económicas cuya visión de la conducta humana se sustentaba en la visión del “homus económicus”, es decir, la creencia de que el ser humano por naturaleza busca su propio interés, incluso a costa de los demás, en una actitud individualista y materialista y pragmática. También se difundía la noción de que el propósito central que una empresa es maximizar el valor para los accionistas.
Esta concepción de persona, así como la concepción de empresa han sido cuestionadas por el management moderno, que ha ido transitando de un enfoque eminentemente ingenieril y centrado en los resultados, a un enfoque más humanista, que se fija también en el proceso gracias al cual se alcanzan las metas. Por cierto, esta transición no se ha logrado cabalmente, pero hoy en día, afirmar que el único propósito de una empresa es maximizar la renta de los accionistas y que las personas son los recursos para lograrlo, es percibido como políticamente incorrecto.
Una concepción economicista del “ethos del negocio”, generalmente ve a la empresa como un grupo de individuos unidos por relaciones meramente contractuales, en un marco de poder y de intereses, organizados en pos de la eficiencia y productividad. Se da por sentado que la recompensa económica es suficiente para motivar a la acción. El problema es que se trata de una motivación superficial, no profunda. Es insuficiente para producir un sentido de lealtad y compromiso hacia la empresa y hacia el servicio que se realiza por medio del trabajo.
Las relaciones interpersonales que se den en una empresa tendrán directa repercusión no sólo en la motivación y la productividad, sino también en la conducta moral. Y según Melé, son las relaciones basadas en la amistad, el afecto, la confianza, las que definen a una organización. Porque una empresa, es en realidad, una comunidad de personas.
Desde esta mirada nos damos cuenta de que es posible una conducta altruista dentro de la empresa, que expresa la sociabilidad intrínseca del ser humano y su capacidad de poner sus intereses a un lado cuando se compromete con una causa común. Esto permite acumular “capital social” tanto o más relevante que el capital económico, pues refleja el carácter de las relaciones que se dan en una organización, que a su vez permiten la adaptabilidad al cambio, la innovación, y con ello, la sostenibilidad.
El trabajo de Domènec Melé será dado a conocer en diversas actividades que sostendrá en nuestro país entre el 13 y 15 de octubre, las que pueden encontrarse en la página web de USEC, www.usec.cl
María Angélica Zulic, directora USEC
Publicación: Chileb.cl, viernes 2 de octubre de 2015.
