04 Sep 2015

María Angélica Zulic – Empresarios sin complejos

Reveladores fueron los resultados del primer estudio sobre confianza empresarial, realizado en conjunto por Sofofa y Cadem. Lo primero que salta a la vista es la comprobación empírica de la crisis de confianza que vivimos como sociedad. 

Las evaluaciones en general no son las mejores. Las instituciones en que menos se confía son el Congreso (84% nota 1-4), los tribunales (76% nota 1-4) y el Gobierno (72% nota 1-4). Las instituciones que andan un poco mejor son los medios de comunicación (54% nota 5-7), la Iglesia (48% nota 5-7) y las empresas (45% nota 5-7). 

Estos bajos índices de confianza, señalan el gran desafío que tenemos como país, y en ese sentido, preocupa la señal que se está dando con la falta de celeridad en el avance de varias de las propuestas de la denominada Comisión Engel, en especial, aquellas relativas a la democracia interna, financiamiento y transparencia de los procesos eleccionarios que debe darse en los partidos políticos, de donde emergen precisamente, los funcionarios de la institución en la que menos se confía: el Congreso. 

Otro aspecto interesante del estudio, es la brecha entre la confianza que se declara hacia las empresas, en general, más bien baja (45% le pone nota 5-7 y 53% nota 1-4) versus la confianza que existe hacia la empresa en la cual se trabaja, mucho más elevada, que llega al 75% con nota 5-7 y sólo un 16% con nota 1-4. Se destaca que del primer porcentaje, un 52% califica entre 6-7 la confianza en su empresa, y sólo un 25% con nota 5-6. 

La explicación a esta brecha evidente reside en parte, en la tendencia humana a desconfiar de aquello que no se conoce y a confiar en lo conocido. Pero también se explica por el mito que se ha creado alrededor de las empresas, como si éstas fueran las “villanas” de la película, mientras los empresarios son vistos como “los poderosos de siempre”, evaluados por el 35% con nota 5-7. Dicho prejuicio queda más claro aún cuando se examinan las diferencias entre la confianza que se deposita en la Pyme (64% nota 5-7) y las grandes empresas (33% nota 5-7). Esto explica por qué ser emprendedor es bien visto y en cambio, ser empresario no lo es, ya que se trata de un complejo que debiéramos ir derribando, dado que cuando a un emprendedor le va bien y ese éxito es sostenido en el tiempo, lo que tenemos en frente es un empresario, que da trabajo, no sólo a sus colaboradores, sino que a sus proveedores y distribuidores, entrega un producto o servicio útil y de calidad a sus clientes, aporta impuestos al Estado, dinamiza la economía y hace que nuestro país sea más competitivo.

Además, quien emprende, muchas veces, tiene un espíritu innovador. Ha creado algo nuevo que será valorado por el mercado y como es natural, no quiere vender su idea al mejor postor, sino que busca ver crecer y florecer su proyecto, invitando a otros a ser parte de éste, contagiándolos con su entusiasmo y pasión. Quizás por eso, este estudio reveló que el 86% de los encuestados querrían iniciar su propio negocio, de darse las circunstancias. Quien tuvo éxito y ya es empresario, seguirá emprendiendo cada vez que se embarque en un nuevo proyecto, cada vez que lance un nuevo producto o servicio o se expanda a un nuevo mercado, con la apuesta que eso significa. De hecho, la misma palabra “emprendedor” evoca aventura. Etimológicamente, esta palabra está relacionada con el vocablo francés entrepreneur, que aparece a principios del siglo XVI haciendo referencia a los aventureros que se sumaban a las expediciones que viajaban al Nuevo Mundo. Espíritus inquietos dispuestos a arriesgarlo todo por abrir nuevos horizontes que prometían la gloria, tesoros y trascender en la historia.

Finalmente, el estudio reveló que un 77% está satisfecho con su trabajo, un 76% considera que los empresarios son indispensables para el desarrollo del país, mientras que sólo un 48% cree que es justo que los empresarios generen las mayores utilidades posibles dentro del marco legal. Ello nos lleva a concluir que todo emprendedor o empresario no debe olvidar su rol social. Es decir, que no importa únicamente cuanto gane, sino cómo lo consigue. Junto con otros, no a costa de otros. Haciendo partícipes a quienes lo rodean, de los buenos resultados de la empresa, que no habrían sido posible sin la colaboración conjunta. Sin olvidar valores como la solidaridad, la coherencia y la sobriedad.  

María Angélica Zulic G., directora USEC.
Publicación: Chileb.cl, viernes 4 de septiembre de 2015.