10 Sep 2015

Lucas Palacios – Empresas y Confianza

El 12 de agosto pasado se dieron a conocer los resultados de la encuesta CADEM – SOFOFA, que mide la percepción de la imagen empresarial y la confianza que despiertan varias instituciones y actores sociales.

Llama la atención la diferencia entre el nivel de confianza que existe hacia las empresas, de un 45%, versus el que existe hacia los empresarios, que baja a un 35%. También es significativo el contraste de estas cifras con el nivel de confianza hacia la Pyme, que se eleva a un 64%.  Pero llama aún más la atención la brecha que encontramos entre la confianza hacia las empresas del 45%, con la confianza que se tiene hacia la empresa donde se trabaja, que llega a un 75%.

¿Cómo interpretamos estos resultados? El mayor nivel de confianza que los encuestados declaran tener hacia la propia empresa, aquella a la que se va a trabajar todos los días, refleja una experiencia personal y laboral positiva. Pero esta buena experiencia choca contra el desprestigio asociado a malas prácticas y abusos en ciertas instituciones, lo cual ha sido alimentado por una prensa y redes sociales hiperactivos en la denuncia, mermando la imagen de las empresas y de los empresarios. Así, se ha instalado en la opinión pública el mito de que la empresa es la gran responsable de las graves inequidades y brechas sociales que persisten en nuestra sociedad.

Más allá del puñado de casos negativos que hemos conocido, lo cierto es que las empresas representan un tremendo aporte a la sociedad. No solo dan trabajo y permiten que las familias alcancen mejores niveles de vida, sino que colaboran con proveer bienes y servicios que todos utilizamos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, día tras día. La empresas pagan impuestos, lo cual permite el desarrollo de programas sociales, atención de salud, educación, etc. Otro aporte significativo es el emprendimiento e innovación asociado a la actividad empresarial, lo cual favorece la creatividad, el trabajo en equipo y el deseo de superación de las personas. 

Una economía dinámica en la que proliferan nuevos proyectos e inversiones, permite que el mercado mejore cada vez más las condiciones laborales, atrayendo y promoviendo los talentos de las personas. Es por eso que no dudamos en afirmar que ser empresario es una noble vocación, tanto para el emprendedor que se arriesga, como el empresario que ya alcanzó el éxito. Ya que para que este éxito sea sostenible, debe ser capaz de entregar valor a la sociedad, en el tiempo y con consistencia. Valor económico, social, humano y ambiental. 

Un mercado ordenado favorece la libertad y promueve la confianza, lo cual le permite cumplir su doble función económica y social. Los problemas surgidos por el mal uso de la libertad de algunos agentes económicos, han atentado en contra del correcto funcionamiento del mercado en tanto promotor del bien común. Debemos perfeccionar regulaciones que impidan los abusos de cualquier índole, pero más importante aún, debemos entender que el mercado, así como toda institución humana, debe construirse sobre la ética y responsabilidad de las personas. 

Lucas Palacios Covarrubias, director USEC.
Publicación: Pulso, jueves 10 de septiembre de 2015.