06 Sep 2021

Los nuevos controladores – Francisco Jiménez

Si hace algunos años hubiésemos preguntado quién es el controlador de esa empresa, nadie hubiese pensado algo diferente a sus dueños o accionistas mayoritarios. Sin embargo, hoy aparecen los “nuevos controladores”, ubicados con más o menos fuerza entre los stakeholders o los llamados “públicos de interés”. Ya lo dice con mucha lucidez Tomás Sánchez en su excelente libro “Public Inc.”: las empresas serán cada vez más públicas.

Las transformaciones que estamos viviendo como sociedad están impulsando cambios profundos en las empresas al punto en que, de una u otra forma, los negocios serán todos regulados por el interés de sus públicos y no al revés.

Es evidente que el consumidor está ahora más informado y es exigente a la hora de decidir qué comprar, qué servicio elegir o dónde invertir. Las personas que están en el mundo del trabajo, especialmente las nuevas generaciones, tienen una mirada más crítica sobre el lugar en que se desempeñan y el propósito e impacto social que consigue la compañía donde eligen trabajar o emprender –y no es un error: ellos eligen dónde trabajar. Los sistemas colaborativos se suman a este escenario, creando empresas que dan más oportunidad a pequeños emprendedores, los que a su vez también pueden elegir a sus clientes. Lo mismo ocurre con los sistemas de financiamiento colectivo que permiten a pymes y startups el acceso a créditos en plataformas que suman a muchos pequeños inversionistas.

Ese es el nuevo escenario y los hombres y mujeres de empresa tenemos que hacernos la pregunta sobre cuál será la energía que impulse el cambio en las empresas. ¿Será un cambio reactivo, a la fuerza, ejercido desde afuera por estos “nuevos controladores” o será proactivo, liderado con anticipación y motivados intrínsecamente por la búsqueda del bien común, para atraer a esos “nuevos controladores”, como lo han hecho, por ejemplo, las empresas del Sistema B y otras?

En USEC, Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos, tenemos el convencimiento basado en ya siete décadas de experiencia de que este tipo de transformaciones son positivas para las empresas, pues representan una oportunidad para aquellas empresas lideradas con una mirada humanista cristiana, que buscan la generación del bien común y ponen a la persona en el centro de sus decisiones.

Tal como lo hemos señalado antes desde esta tribuna, cada vez que una empresa se relaciona con sus diferentes públicos, trabajadores, sus familias, clientes, proveedores, vecinos, autoridades y otros, tiene la obligación de generar una acción de transformación social positiva. La suma de estas acciones constituirá la evaluación y valoración que la sociedad haga de esa empresa, dándole su prestigio y sostenibilidad, pero, sobre todo, permitirá a quienes sean parte de ella cumplir su misión trascendente de amar al prójimo desde el ejercicio de su trabajo.

Bienvenidos, entonces, los “nuevos controladores”.

Publicación: Domingo 5 de septiembre de 2021, en El Líbero.