07 Sep 2022

Los fariseos tenían razón – P. Felipe Herrera

Al presentarnos las llamadas “parábolas de la misericordia”, la liturgia de este domingo nos ofrece la mejor descripción de la esencia del amor que Dios tiene por nosotros. ¡Y todo arranca de un comentario mal intencionado de los fariseos, pero también lleno de verdad!: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”, afirmaban con soberbia estos expertos de la Ley, que se horrorizaban y escandalizaban porque Jesús se mostraba acogedor, benévolo y dialogante con quienes eran considerados despreciables por no cumplir a cabalidad los mandamientos de Dios. 

Por el contrario, los fariseos, en un narcisismo religioso propio de entonces y también muy presente en la actualidad, creían “merecer” la salvación y tenerla garantizada porque eran rectos en su conducta e irreprochables en su praxis cultual. Sin embargo, Jesús, al revelarnos el amor misericordioso del Padre, apunta a lo opuesto, es decir, a la gratuidad radical y absoluta de un Dios que toma la iniciativa de rescatarnos y sanarnos. Él sabe que solos jamás lo lograríamos… los fariseos parece que nunca lo comprendieron.

De ahí las desproporciones evidenciadas en estas parábolas y el amor hiperbólico expresado metafóricamente a través de estos relatos. ¿Quién realmente arriesga el 99% de su capital para recuperar una pérdida marginal de solo el 1%… y más aún en estos tiempos difíciles? Dios lo realiza por nosotros, por cada uno, y se regocija al punto de “hacer fiesta”. ¡Así de contento se pone cuando nos dejamos encontrar y abrazar por su amor!

Y es que Dios en su calidad de Padre no puede mirar a ningún ser humano como una pérdida marginal, sino que movido por sus entrañas de misericordia va en busca de quien se ha perdido. Así lo hace tantas veces con nosotros, sus ovejas extraviadas o, más aún, cuando recurrentemente nos alejamos de Él como el Hijo Pródigo. ¿Quién es tan insensato como para restituir en su dignidad filial, con bombos y platillos, a aquel que ha dilapidado la mitad de los recursos del patrimonio familiar? La respuesta es clara: Dios es el que nos parece insensato según nuestra mentalidad transaccional, ya que tantas veces -como los fariseos- creemos que su amor se conquista mereciéndolo y no lo recibimos como un don absolutamente gratuito. Pero su lógica es otra, es la del perdón, la acogida y la alegría por las vidas rescatadas.

Pidámosle al Señor la gracia de entrar en su lógica y, así, construir una sociedad donde los errores y las debilidades propias y de los demás sean una ocasión para ayudarnos mutuamente como hermanos a sanar las heridas y hacernos solidarios unos con otros… como Jesús, que nos acoge con nuestras miserias y nos enseña a construir su Reino recibiendo a los pecadores y comiendo con ellos, tal como se lo enrostraban los fariseos, ¡y vaya que tenían razón!