28 Ene 2021

Lleno de autoridad – P. Felipe Herrera

Algo esencial de la predicación de Jesús era la completa sintonía entre sus palabras y sus obras, aquella coherencia entre su relato y sus acciones que hacían que la gente que lo escuchaba exclamase admirada: ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad!

Nuestra convivencia cívica en Chile atraviesa ya un tiempo sostenido de detrimento, una crisis marcada por una profunda crítica a quienes ejercen algún tipo de autoridad, ya sea política, religiosa, social, gremial, etc. Y es que la sociedad de la transparencia en que vivimos ha dejado en evidencia la enorme brecha que muchas veces separa el discurso de nuestros líderes respecto de su conducta moral objetiva. Eso ha desencadenado decepción, indignación y, lamentablemente también, reiterados episodios de violencia que buscan reivindicar un estado de justicia de la realidad.

Jesús también fue un indignado de su tiempo ante actitudes que pervertían el orden de lo justo, y se enfrentó a ello ejerciendo solo la fuerza del amor y de la misericordia, sin dejar por ello de denunciar todo lo que atentaba contra la dignidad humana. Y lo hizo con plena autoridad, hasta ofrecerse por nosotros en la cruz por ser consecuente con sus palabras “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.

Hoy, que todos propugnamos por liderazgos que ostenten una autoridad coherente en el ejercicio del poder, cabe que nos cuestionemos en primer lugar a nosotros mismos en cuanto discípulos de Jesús: ¿Vivimos en lo cotidiano de forma coherente aquello que profesamos con nuestros labios creyentes? ¿Ejercemos en nuestro trabajo, en nuestros pequeños ámbitos de poder, aquellos principios dejados por Jesús y contenidos en la Doctrina Social que nos enseña la Iglesia? ¿Somos realmente solidarios, subsidiarios y justos en la administración de los bienes que se nos han confiado? ¿Pensamos en el bien común o solo en el propio? ¿Amamos al prójimo?

La autoridad que hoy se nos exige es aquella de la coherencia de los actos, que son más elocuentes que los discursos y mueven más corazones que una meditación piadosa que no toca la realidad. La autoridad que estamos llamados a ejercer los cristianos en la sociedad de hoy es aquella que encarna la Palabra de Dios y, por ende, que hace presente a Jesús, justo y compasivo, en medio del mundo.