10 Ene 2020

La responsabilidad de ser bautizados en Cristo – P. Felipe Herrera

Comentario del Evangelio – Domingo 12 de enero de 2020

Evangelio según San Mateo 3, 13-17

La responsabilidad de ser bautizados en Cristo

El bautismo de Jesús en el Jordán nos revela la filiación divina de Jesús y, en ella, también la nuestra. Se trata de su pertenencia al Padre, quien lo ha enviado como redentor del mundo, de toda la raza humana. Su identidad como Hijo de Dios orienta su misión y, a la vez, le da la fuerza para cumplir el objetivo de dar la vida por amor hasta el extremo.

Nosotros, cristianos por el bautismo, hemos sido configurados con Cristo y, en Él, hemos sido hechos verdaderamente hijos e hijas de Dios. Y así como hemos recibido gratuitamente esa condición extraordinaria que nos vincula amorosamente al Dios Eterno que se nos revela como Padre Amoroso, también recibimos la misión y el envío de dar la vida como Jesús. 

Nuestra identidad nos ilumina esa misión de amor hasta el extremo, que se ha de concretar en el aquí y el ahora, en la historia que nos toca vivir, asumiendo como Cristo, todos los desafíos que ella nos presenta.

Muchas de las críticas justas que recibimos como cristianos se fundan, precisamente, en la brecha que se genera entre nuestra identidad religiosa y nuestra conducta. Así, en lugar de iluminar nuestro entorno con la luz potente del testimonio evangélico y evangelizador, solemos escandalizar a los demás por nuestra falta de coherencia.

El Chile de hoy nos urge a vivir profundamente nuestro bautismo, nuestra identidad cristiana más profunda, aquella que nos lleva a reconocer a Dios como Padre y, por ende, a los demás como hermanos. En perspectiva cívica, esto nos exige disponernos a cumplir la misión de construir una sociedad donde la justicia y la solidaridad engendren una comunidad humana que brille por su carácter fraterno. Para eso, y a partir del bautismo, Dios nos regala su gracia. Acojámosla viviendo como ciudadanos cristianos responsables que saben que, a imagen de Cristo, solo por el sacrificio y la renuncia al beneficio individual y abiertos a la donación de sí mismos, se podrá construir verdaderamente un bien común y una paz duradera.