La muerte, desde la fe, se contempla como puerta a la vida eterna – P. Hugo Tagle
Hay dos realidades que nos resultan incómodas: La enfermedad y la muerte. En la enfermedad experimentamos nuestros límites, el dolor, la soledad, la impotencia. Al perder la salud física, se nos apagan también las fuerzas espirituales y la ilusión. Y cuando la muerte se acerca como algo inevitable, nos invaden preguntas dramáticas ¿Cómo reaccionamos? ¿Nos invade la desesperación, el fatalismo, la angustia? ¿O por el contrario aceptamos este encuentro con el misterio irreversible?
Los creyentes sufrimos el mismo destino de toda la humanidad y solidarizamos con ella. La fe no es un “seguro” automático contra la enfermedad, pero sí es una luz especial que la ilumina desde Cristo. La muerte, si bien tremenda e inexorable, desde la fe se contempla como lo que es: puerta a la vida eterna. Eso sí, debemos evitar que ella sea fruto de una injusticia, abandono o desidia. La lucha contra la muerte es signo de futuro, es anuncio de resurrección. A partir de Cristo, la muerte no es más destino trágico e inevitable, sino la puerta abierta a la vida eterna.
El evangelio de este domingo nos regala dos lecciones: la profunda fe de Jairo en el poder de Cristo sobre la muerte y su misericordia infinita, que lo llevó a detenerse, regalar esperanza y sanar.
La fe mueve montañas. Pidamos al Señor una fe fuerte y sencilla como la de Jairo, buscando siempre que se haga la voluntad de Dios en nuestra vida. Es lo que se presenta también en el evangelio. La apertura de Jairo a la voluntad de Jesús; su petición humilde, sin exigencias soberbias.
Hemos nacido para vivir plenamente ¿Qué podemos hacer por nuestros hermanos enfermos, o por quienes sufren la muerte de unos de sus seres queridos? No tenemos el poder de hacer milagros, pero tenemos el poder de amar, que es aún más importante. Se nos invita en este domingo a llenar de milagros de amor el mundo que nos rodea, sembrando la esperanza cristiana que nace de la resurrección del Señor.
Celebramos este 29 de junio la fiesta de San Pedro y San Pablo. Que ellos nos iluminen y regalen una fe profunda en la voluntad de Dios ¡Una bendecida semana!

