La interpelación profética a la conversión – P. Hugo Tagle
En un tono de advertencia, el evangelio de hoy es una llamada a la conversión y a contar con Dios en nuestra vida. La parábola de la higuera estéril va unida a los episodios anteriores para dar a entender que nuestra vida es como un tiempo que Dios permite (el dueño de la higuera) hasta el momento final de nuestra vida.
Los Santos Padres entendieron que Jesús era el agricultor que pide al dueño un tiempo para ver si es posible que la higuera saque higos de sus entrañas. Sabemos que la higuera era símbolo de Israel en el Antiguo Testamento, concretamente en los profetas. Por tanto, resuena aquí, de alguna manera, la interpelación profética a la conversión. San Lucas le da mucha importancia en su obra al “hoy” y al “ahora” de la salvación. Por eso ese tiempo concedido a la higuera es un tiempo para un hoy y un ahora de salvación y de gracia.
La pasión de Jesús es camino para hacer la vida del hombre más humana, con más sentido. Las parábolas intentan desbloquear las vidas atrapadas por el vacío, el sin sentido y la esterilidad. Nos ofrecen caminos de felicidad, bien distintos a los transitados por los que se consideran “normales”.
No es un Dios justiciero ni duro que castiga y manda el mal y sufrimientos a los hombres. Los hechos históricos violentos acaecidos en Jerusalén, lo mismo que los que podemos ver hoy (la agresión a Ucrania) son para llevarnos a ser mejores y evitarlos. Es fácil caer en la complacencia, autosuficiencia y creernos superiores. Por lo que hay que estar alertas, agradecer y dar frutos. No son las apariencias y la superioridad (caso de la higuera que lleva años frondosa) lo decisivo ante Dios, sino la vida fecunda (la práctica de la vida).
Se nos exhorta a estar siempre en actitud de responsabilidad y preparados para cambiar de vida; unas veces porque los hombres perversos aniquilan y otras porque ocurren catástrofes. Debemos estar siempre en actitud de conversión, porque Dios siempre ofrece oportunidades, como es el caso de la parábola de la higuera estéril. Siempre, con el Dios de la salvación, tenemos oportunidad de convertirnos y de buscar el bien.

