03 Jul 2020

La fuerza del cristiano se encuentra en la debilidad – P. Hugo Tagle

Estaremos años reflexionando sobre las enseñanzas de este duro tiempo de coronavirus. Entre las lecciones que rescato, sin duda se encuentra la invitación a ser humildes, reconocer que no lo podemos todo, que somos creaturas frágiles y dependientes del entorno y naturaleza. Que nos necesitamos unos a otros para superar esta adversidad. “Nadie se salva solo” es el lema de la campaña de solidaridad de la Iglesia chilena para este tiempo complejo. Lo invito a sumarse a alguna de las decenas de iniciativas solidarias de parroquias y capillas. Nos necesitamos unos a otros.

La fuerza del cristiano se encuentra en la debilidad. En el Evangelio de este Domingo, Jesús quiere que aprendamos de Él a ser mansos y humildes de corazón. El mundo tacha de ignorantes a los sencillos, pero la oración de Jesús a su Padre nos ayuda a valorar la grandeza de los pequeños. Dios mismo los elige para que prediquen con su vida la sabiduría divina. En este duro tiempo han salido a la luz las muchas falencias de nuestra sociedad: hacinamiento, trabajos inestables, deudas, violencia intrafamiliar. Pero el Señor nos invita a no desfallecer y a recurrir a Él ¡Jesús no abandona!

Jesús experimentó el rechazo de los poderes de su tiempo y fue acogido por la gente sencilla. En vez de sentirse frustrado ante el poco éxito con la gente importante, dio gracias al Padre por haber dispuesto las cosas así (Mt 11,25-30). Se trata del estilo de actuar de Dios que elige a los humildes para confundir a los soberbios. “El tesoro de la Iglesia son los pobres” como lo señalara San Lorenzo y lo recuerda muchas veces el Papa Francisco.

La fuerza de la Iglesia y del cristiano viene del Espíritu de Dios. Él tiene la capacidad de resucitar nuestros cuerpos como resucitó a Cristo Jesús ¡Dejémonos llevar y guiar por el Espíritu de Dios y no por los cálculos puramente humanos! Como nos dice San Pablo: “Ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes” (Rom 8,9).

El conocimiento, la ciencia y la técnica tienen sin duda su sentido en el plan de Dios, pues todo saber viene de Él. No pueden, sin embargo, ser el criterio último de la acción humana. Una técnica al servicio egoísta de unos pocos lleva a la explotación de las masas y a construir un mundo inhabitable. Pidamos al Señor en este domingo un corazón sencillo y humilde como el de Jesús para encontrar así la paz del alma, sobre todo en este tiempo de tribulación. Pidamos la gracia de un término de la pandemia y por todos los que trabajan por una cura y por los infectados y difuntos. 

¡Feliz y bendecido Domingo!