06 Ene 2015

José Antonio Garcés – Empresas abiertas, para una sociedad abierta

Comenzando un nuevo año, todos quisiéramos tener una bola de cristal que nos revele qué  depara el porvenir. Adelantarnos a las tendencias, ser los primeros en subirnos al tren del futuro. Sin embargo, pese a estas intenciones los cambios cuestan y tendemos a terminar por “hacer más de lo mismo”. Hasta que – hacer más de lo mismo – tiene un costo mayor que hacer un cambio, incluso uno radical. Si abrimos los ojos, el cambio que viene ya se está instalando en las empresas y en nuestra sociedad y llega de la mano de las nuevas generaciones.

Un reciente artículo de la revista Forbes, hacía una descripción de la “generación Milenio”, también conocida como la “generación Y”. Aquellos que hoy tienen entre 20 y 35 años, aproximadamente. Se estima que para el año 2020, la “generación Milenio” representará casi un 50% de la fuerza laboral (según estudio de Pricewaterhouse Coopers), por lo que las empresas que quieren atraer y retener a estos talentos deben, desde ya, asumir este desafío y reorganizar el trabajo en todo nivel. 

La “generación Y” es la primera “nativa digital”, es decir, nació y creció en un mundo tecnologizado, lo que provoca que su percepción de la realidad sea muy diferente a la nuestra. Para ellos no existen los espacios impenetrables, ni las zonas oscuras. Viven en una “Aldea Global”, sin fronteras. Esperan información instantánea, comunicación fluida y horizontal, y una transparencia ojalá total.   

Otro de sus rasgos determinantes es que al crecer con el fantasma de la crisis económica, no se orientan tanto al éxito material como la “generación X” (35 a 50 años). Valoran otros aspectos de su desarrollo, más que la remuneración, y tienden a enfocarse más en sus necesidades personales que en las necesidades de la empresa. Prefieren también los ambientes de trabajo colaborativos antes que el individualismo. Ello es todo un desafío  para quienes lideran equipos de trabajo ya que deben evidenciar el rol social que tiene la empresa, además del económico, para que el sentido del trabajo, tenga esa proyección humana y social que estos jóvenes buscan.  

Lo anterior, implica un especial cuidado por la coherencia. Nadie puede hoy darse el lujo de quedarse sólo en la prédica de valores sin ponerlos en práctica, tomar decisiones dentro de cuatro paredes, sin generar procesos participativos, esperando que el resto sólo acate y no aporte a las soluciones.  

Es una generación que no se siente cómoda con estructuras corporativas rígidas y jerárquicas. Por el contrario, espera avanzar rápido, tomar nuevos desafíos, aprender, innovar y desarrollarse en diversas áreas. Prefiere horarios flexibles y espacios que le permita desarrollar sus propios intereses. Acerca del trabajo que realizan, ellos esperan feedback y reforzamiento constante (inmediatez de la información). Cuando esto no ocurre, se desmotivan y pueden desligarse fácilmente si no sienten que su trabajo y su tiempo valen la pena y son reconocidos.  

Las compañías que han sido exitosas en atraer a la “generación Y”, como Google y Yahoo, son innovadoras por naturaleza y, por ello, privilegian estos talentos. No restringen a sus colaboradores a “un modo de hacer las cosas”, sino que cada uno puede encontrar su camino para llevar a cabo sus tareas en ambientes colaborativos, estructuras horizontales, con líderes que son más mentores que jefes, espacios lúdicos y propicios para el desarrollo de la vida personal y familiar. 

Estos jóvenes obligan a nuestra generación a abrirnos y a pensar en red. Todos estamos conectados. Lo que hacemos o dejamos de hacer importa porque repercute en otro lugar. Hoy, las nuevas formas de producción se dan en esta interacción virtual global. El mejor conocimiento, el más innovador, es el que resulta de esta inteligencia colectiva que se comparte. Esto nos exige un cambio radical en cómo orquestamos capacidades para solucionar problemas. Hoy el talento está en lugares inesperados y necesitamos comprender eso. Vivimos en un mundo abierto y nuestras empresas también deben abrirse y dejar entrar aire fresco.

José Antonio Garcés, past president USEC.
Publicación: Diario Financiero, martes 6 de enero de 2015.