“El que pierda su vida por mí, la encontrará” – P. Hugo Tagle
Celebramos el decimotercer domingo del tiempo ordinario, el primero del mes de Julio. Mes de invierno y para estudiantes, semanas de vacaciones de invierno en Chile.
Este fin de semana se hará, en muchas partes, la colecta para el óbolo de San Pedro, la ayuda que la Iglesia universal hace al Santo Padre para sus obras de beneficencia. Seamos generosos. El evangelio de hoy nos recuerda que seguir a Jesús no es fácil. Pero tiene una gran recompensa, incluso ya en esta tierra. La verdadera felicidad es tenerlo a Él en el corazón e imitarlo en todo.
El testigo cristiano acoge la cruz como seguidor de Jesús, se dispone a vivir su existencia crucificada. Desde esta dinámica se entiende la aparente paradoja el encontrar la vida verdadera en Jesús, perdiendo la de nuestros afanes y desvelos inútiles, ya que cuando la persona hace el bien sale ganando vida.
En efecto, entregando la vida se genera comunión y comunidad, no nos lanzamos al desamparo, sino a la acogida comunitaria, aunque entreguemos un simple vaso de agua. El amor a Dios tiene nombre y apellido, es nuestro prójimo. A lo largo del día encontramos personas en nuestro camino, sus rostros arrastran una historia y depende de nosotros, el que esas historias queden tocadas por la gracia de Dios a través de nuestra acogida.
Seguir al Señor es servir y dar la vida por los demás, como lo hizo Él. La cruz, los dolores, son parte de la existencia. Pero, bien llevados, nos hacen madurar, crecer en amor y cercanía a los demás; es crecer en generosidad, caridad, gratuidad.
El evangelio no es un tranquilizante para llevarnos a sentir cómodos y satisfechos. Jesús se fija siempre en lo que pasa en el otro, en sus situaciones: es compasivo. La santidad no es separarse de los demás para creer que estamos más cerca de Dios, sino en el acercamiento compasivo y samaritano al dolorido, al herido y débil que tengo al lado.
Preguntémonos: ¿Qué impide a Dios obrar en mi vida y abrirle la puerta de mi corazón para que Él reine? ¿Soy consciente que la verdadera cruz diaria es ser testigo de quien creo? ¿No llamaré cruz a tantas cosas que no son tan importantes como ésta? Que la Santísima Virgen, la Virgen del Carmen, nos cuide y acompañe en el seguimiento de Jesús.
