08 Jun 2022

Dones para encontrarnos con Dios – P. Carlos Irarrázaval

Me regala el Señor poder compartir con ustedes este domingo, día en que la Iglesia nos invita a contemplar el Misterio de la Santísima Trinidad, y revisar juntos con alegría este trozo del Evangelio y lo que la fiesta misma quiere recordarnos e invitarnos a contemplar.

No perdamos de vista en el camino de la fe nuestro encuentro personal con el Dios único que se nos ha manifestado como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Iglesia escoge como texto para la fiesta de hoy este trozo del capítulo 16 de San Juan, en el contexto de la Última Cena. Es un texto de despedida, es la última cena del Señor con los suyos, los más íntimos. Les dice que tendría muchas otras cosas que decirles pero no son capaces de entenderlas y ante esa imposibilidad les anuncia, varias veces, que es importante que Él se vaya para poder enviarles junto al Padre, ese Espíritu de Verdad que les enseñará la Verdad completa. El Espíritu de Dios procede del Padre y del Hijo, es la manifestación del Amor que se derrama del Padre y del Hijo en favor de toda la Humanidad.

Esperamos con ansias en Pentecostés, al modo de los Apóstoles en compañía de Santa María, la venida del Espíritu Santo, para que con sus dones nos ayude a encontrarnos con Dios. No perdamos de vista que los dones del Espíritu Santo son para ayudarnos en nuestro encuentro con Dios. El de la Sabiduría nos permite comprender las maravillas de Dios y nos impulsa a buscarlo en medio de nuestros trabajos y obligaciones del día a día, también por ello entonces en el mundo propio de la vida empresarial, no sólo en la vida espiritual personal. En la vida de lo público en donde nos toque desenvolvernos tenemos que poder encontrarnos con Él y mostrarlo a Él, y si no es así… las alarmas debieran encenderse llamándonos a revisar nuestros procesos y prioridades. Así el don del Entendimiento nos permite afinar la mirada y descubrir con mayor claridad la riqueza de la fe. El hacer opción creyente con mayor convicción, debería también darse en la vida cotidiana, en el mundo laboral, donde usando la razón descubro con mayor claridad dónde poner el corazón y jugármela en el hoy del mundo, pero siempre puesta la mirada en Dios como hijo suyo que soy.

Al contemplar la obra preciosa del Creador y trabajar justamente con su Creación para servir a las criaturas, en el mundo de la empresa que produce al servicio la humanidad, necesitamos el don del Consejo que nos inspira e ilumina qué debemos pensar, decir o callar, cómo debemos actuar para el bien uno mismo y de los demás. Nos habla desde el interior, ese es el modo que tiene Dios de hablarnos para que nosotros libre y voluntariamente podamos hacer nuestra opción, podamos actuar haciendo el bien. Con el don de fortaleza nos alienta continuamente a superar las dificultades que vamos encontrando en nuestro caminar hacia Dios. También entonces desde el mundo empresarial o del trabajo ella nos puede ayudar a sacar adelante los desafíos con los que nos encontramos, siempre con una mirada de trascendencia para que en todo, también en el mundo del trabajo, yo pueda ver a Dios y no me quede solo con el “aquí y ahora”, mirando a corta distancia y haciéndome más mundano. Esa trascendencia en la mirada y en la finalidad de lo que hago, me permite hacer del trabajo un camino de santidad. Usando el Entendimiento para mirar las cosas creadas, las que han sido puestas en nuestras manos para hacer el bien, con la ayuda del don de Ciencia logramos que sean también un camino para encontrarnos con el Dios Uno y Trino.

No es menor que la razón sea un don que me lleve al encuentro con Dios y no al rechazo de Dios, por eso la Piedad, otro de los dones que Dios nos regala a través de su Espíritu, nos lleva a tener ese trato cercano y confiado con el Dios que me ama. Teniendo ese trato de hijo frente al Dios que se me manifiesta como Padre amoroso, fíjate en esa delicadeza del Dios que me crea y se me manifiesta también como criatura en Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, hermano mayor y ejemplo de Hijo, para que yo sea un buen hijo de Dios siguiendo sus ejemplos y consejos.

Además se nos regala a través de su Espíritu Santo para, si yo lo quiero, habitarnos, “vendremos y pondremos morada en Él”, nos dice el Señor en el evangelio. Desde nuestro interior el Espíritu de Dios nos mueve a hacer el bien y evitar el mal para hacer de nuestra vida y trabajo un camino de santidad y no de perdición. Por eso es importante el don del Santo Temor de Dios, que no es miedo a Dios o a lo divino, sino más bien es el don que nos permite ver quién soy, una criatura…. y frente a quien estoy…. ante el Dios uno y trino que por amor me creó, para así no perder la oportunidad de agradecerle todo lo que nos regala, y lo que somos capaces de realizar gracias a los dones que nos da, evitando adueñarnos de los logros que no son nuestros del todo, sino puro don de Dios que con sus Gracias, nos permite sacar adelante las empresas y desafíos que se nos proponen.

Movidos por el Espíritu de Dios seamos capaces en todo de glorificarlo, que todo lo que emprendamos sea para la Gloria de Dios, que siempre le demos el crédito de nuestros logros al que nos creó, redimió y santificó, que nos sepamos y gocemos como instrumentos y administradores nunca dueños. Así cuando el Señor toque a nuestra puerta le diremos alegres: ¡¡Señor te estaba esperando!! Aquí está lo que me diste, esto pude lograr con ello para tu gloria y el servicio a los demás, en especial a los más indefensos y necesitados. Escucharemos alegres su voz… “ven bendito de mi Padre a gozar de lo que desde toda la eternidad te ha estado preparado”.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo….como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos, Amén.