26 Dic 2020

Desafiados como la Sagrada Familia – P. Felipe Herrera

Este domingo que sigue a la Natividad de Jesús, la liturgia nos recuerda que Dios hizo una clara opción para venir al mundo: asumió nuestra frágil condición humana naciendo en el seno de una familia muy sencilla. Nada es fortuito en el plan de Dios. Todo está pensado desde el amor infinito.

Y para acercarnos a este misterio del Dios hecho hombre, las Escrituras nos muestran el inicio de su vida como el miembro más vulnerable de un núcleo familiar en serios aprietos. La Sagrada Familia se ve forzada a escapar debido a las amenazas de un rey asesino. Debe hacerlo en medio de las tinieblas de la noche y dirigiéndose hacia una incertidumbre abismal: sin trabajo, sin red de apoyo social, sin celular ni whatsapp que les permita, al menos, el consuelo de los seres queridos a la distancia. La única certeza de José y María, responsables de cuidar y criar al mismo Hijo de Dios, será la fe absoluta que reclama un abandono total a la voluntad del Padre. Y dicho compromiso con el plan divino, realizado de modo concreto en la historia y en la vida social, hace que todos los sinsabores sufridos por ellos, finalmente, sean fecundos y para toda la humanidad.

En el seno de esta familia ejemplar coexisten la ternura del recién nacido con el drama de la huida, la vida que puja y que, al mismo tiempo, es agredida. Algo similar acontece hoy en nuestro Chile, donde conviven los deseos de una Patria justa con la realidad desgarradora de miles de personas que también padecen la incertidumbre, la falta de trabajo, la noche oscura del temor y la pérdida de la amistad cívica.

Ante esto, los cristianos somos desafiados de dos maneras que van unidas. Primero, pese a los signos que a veces parecen devastadores, nosotros hemos de seguir esperando contra toda esperanza, porque estamos ciertos de que Dios puede sanar nuestra Patria. Pero, segundo, el Señor quiere que su gracia llegue a la sociedad también por medio de nosotros. Como de José y María, también espera nuestro sí generoso. Por ende, es urgente que todos asumamos el rol social que nos corresponde, para hacer presente a cada instante, aquí y ahora, el Reino de Dios. Sería una hipocresía no colaborar a que venga cuanto antes ese reino de justicia y fraternidad que pedimos al Señor en cada padrenuestro.

Las penurias y angustias tanto de la Sagrada Familia, como las de todas las familias, encuentran un eco profundo en el corazón de Dios y han de resonar también en los nuestros. Como Él, debemos ser movidos a compasión. El 2021 se abre como una oportunidad única para peregrinar por el mundo, al ritmo de los sufrimientos y de la fe total de Jesús, María y José, para que seamos testimonios creíbles con un amor concreto que renueva la faz de la tierra.