13 Jun 2020

Cristo eucaristía es una escuela de caridad – Mons. Cristián Roncagliolo

El Domingo próximo celebraremos el Corpus Christi, fiesta de la Iglesia que nos recuerda la ‘presencia real’ de Cristo en el Santísimo Sacramento. El foco principal no está en la institución de la eucaristía, como ocurre el Jueves Santo, sino que en subrayar que Dios se queda con nosotros ‘realmente’ en las especies eucarísticas. Como enseñó el P. Hurtado “Jesús permanece en la eucaristía, para vivir con nosotros y que nosotros vivamos con Él. Jesús espera nuestras visitas. En Él hallaremos al amigo leal, al consejero fiel, al consolador amoroso, al confidente de nuestras penas y alegrías. Jesús recibe nuestras visitas como de un amigo con otro amigo querido”. 

La noticia apasionante de que Dios está de un modo tan ‘real’ le dice mucho a la vida de la Iglesia y a lo cotidiano de cada uno, indicándonos que no caminamos solos hacia la ‘tierra prometida’; y señalándonos que la presencia eucarística de Cristo se proyecta en la dinámica del don: “si no comen la carne del hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes” (Jn 6, 53).

Pero, podemos ir aún mas lejos: la presencia eucarística proyecta luz sobre nuestro camino y permite desentrañar otras presencias de Cristo. Nosotros poseemos en las especies eucarísticas al Cristo del sermón de la montaña, al Cristo de la Magdalena, al que descansa junto al pozo de Jacob con la samaritana, al Cristo del Tabor y de Getsemaní, al Cristo resucitado de entre los muertos y sentado a la diestra del Padre. Pero también, desde la Hostia Santa, se iluminan las otras presencias del Señor en los ‘cristos’ de cada día. Por ello, en toda adoración eucarística ‘palpita’ el rostro del Cristo que tiene hambre, que tiene sed, que es forastero, que está desnudo, enfermo o en la cárcel (cf. Mt 25, 35-36).

En este sentido, los cristianos hemos de estar atentos ante el pretendido divorcio entre la adoración y el servicio. Muchos dicen ‘yo soy católico de acción’, porque hago cosas pero no voy a misa ni rezo, ni adoro; mientras otros desprecian esta forma diciendo que lo central está en la adoración desencarnada de la realidad, sin comprender que esta empuja a mirar la historia y actuar en ella con la ‘luz’ de Cristo. La presencia real de Cristo lejos de fragmentar, es camino de unidad interior, integrando la oración y la praxis, la contemplación y la entrega de la vida. 

Cultivemos la ‘nostalgia’ eucarística, que no es otra cosa que la sed de adorar y de alimentarnos del mismísimo Señor; pero también que es sed de vivir con urgencia la caridad. 

Feliz Domingo del Corpus.