01 Sep 2023

“Corrección fraterna: soy responsable de mi hermano” – P. Hugo Tagle

Reflexión correspondiente al Evangelio del domingo 10 de septiembre de 2023 (Evangelio según san Mateo 18, 15-20).

El evangelio de este domingo forma parte de uno de los discursos más significativos de San Mateo. En este caso, nos encontramos con un “discurso” de Jesús que contempla las normas de comportamiento básicas de una comunidad cristiana y, por extensión, de toda comunidad civilizada: perdón, comprensión, solidaridad. Son valores que podemos y debemos compartir todos para hacer de nuestra convivencia diaria un elemento constructivo, enriquecedor y dignificador. Son los temas de la llamada a la corrección fraterna, el perdón y el valor de la oración común.

Todos somos pecadores y necesitados de corrección. Una palabra dicha a tiempo, una advertencia sabia, prudente y dicha con delicadeza y tino, pueden salvar una vida. A veces se requerirá de más de una corrección. De ahí que es bueno recurrir a testigos, de tal manera que la persona en cuestión experimente no tanto el reproche sino más bien el amor de la comunidad. Nos ayudamos unos a otros a crecer, a mejorar, a enmendar malas conductas.


El poder de “atar y desatar”, que en Mt 16 (hace dos domingos) se confería a Pedro, completa lo que allí se dijo: es en la comunidad donde tiene todo sentido el perdón de los pecados. Eso exige dar oportunidades de enmienda. La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de pecadores que saben que requieren de la ayuda de otros, a través de la cual se expresa la asistencia divina, para hacer de sus vidas algo mejor, pleno y santo.

De la misma manera, la oración común enriquece sobremanera nuestra oración personal. La oración personal es importante, pero Dios nos quiere como parte de una familia que es la Iglesia. A algunos les cuesta rezar con otros. Es un buen ejercicio pedagógico que nos hace crecer en paciencia, tolerancia, respeto y humildad. Aprendemos con otros y nos santificamos construyendo comunidad. El Padrenuestro, la oración por antonomasia que nos enseñó el mismo Jesús, está escrita en plural, vale decir, pensada para ser rezada con otros. Cuando la Iglesia reza, siempre lo hace pensando en la totalidad de la humanidad, como camino de encuentro con el Dios Trino y Padre. Un pueblo que se reúne a rezar, experimenta un enriquecimiento, se liman las asperezas, se crece en humanidad y dignidad. Una familia que reza unida, permanece unida.