09 Jun 2023

Corpus Christi: Valoremos el regalo que se nos dio – P. Carlos Irarrázaval

Se nos regala celebrar este domingo la Solemnidad de Corpus Christi. Con ella la Iglesia como Madre nos invita a volver a contemplar el regalo que el Señor nos dio el Jueves Santo, en la Última Cena. Ese jueves estábamos inmersos en una Semana Santa que es intensa y por ello no se logra generalmente “gustar” la profundidad del Misterio. Por eso nos regala esta Solemnidad para, con ánimo festivo, poder valorar el regalo que se nos dio.

En él se nos delata el amor infinito del Señor que quiere quedarse con los suyos. Desde antiguo se le dice en hebreo Emmanuel, que significa, Dios con Nosotros. Con nosotros además de un modo muy particular, el comérmelo podría decir un niño, significa que nadie me lo puede quitar. Aquí entre ustedes, en medio del mundo de la empresa y el emprendimiento, podríamos decir que el Señor se me regala y paso a tener propiedad sobre Él, es mío. La gran pregunta en este misterio del encuentro íntimo con el Señor que se me regala, es si yo quiero también corresponderle… ¿Quiero ser suyo? ¿Siempre y en todo, para ser justos frente a su entrega total? Que no me pille aprovechándome de su cariño, traicionándolo, que no me acerque a comulgar si no quiero vivir de verdad en comunión con Él y sus enseñanzas. Indigno soy y siempre lo seré, pero como enamorado luche cada uno por ser cada día más fiel al que nos amó primero.

El comer su Carne y beber su Sangre es fuerte como lenguaje. Pero me muestra claramente que su intención es la entrega radical, no a medias. Eso más nos interpela porque mi entrega a Él pide ser también radical y eso nos cuesta… No es esto una “sociedad de responsabilidad limitada”… es total, a imagen de lo que debe ser un verdadero matrimonio, ya que además se me regala gratis. El darme gratis y “con todo” me lleva a este matrimonio espiritual que me hace gozar de todo lo suyo, la Vida Eterna.

Se me regala como comida para no desfallecer en el peregrinar a Él, “mi carne es verdadera comida, mi sangre verdadera bebida”, ¿qué más humanamente necesario para no desfallecer en el día a día que la comida y la bebida? Qué preciosa delicadeza ser Él mismo mi comida y bebida, “el pan nuestro de cada día”. ¿Cómo vivo este misterio en lo cotidiano, tanto en lo personal como en lo social? El Sacramento de la Eucaristía nos invita a sentarnos a su mesa como si fuera uno de los 12 en ese Jueves Santo, no estoy solo, somos muchos junto al Señor que se nos regala. Pero la mesa también es altar del que se entrega hasta la última gota, como en el Calvario. Por ello no es solo sentarse con Él, es también entregarse como Él, entregarse a Él.

En el mundo del emprendimiento no se ve ni se toca lo que quiero crear y llevar a cabo, aunque parece un sueño que otros me aportillan yo me lanzo confiado. Algo así pasa con el Señor presente en la Eucaristía, los sentidos nos permiten percibir pan y vino, pero el Corazón y nuestra mente sienten de un modo distinto, impresionante, hasta loco, algunos dirían incluso de modo irracional. Uno se lanza como el emprendedor que sabe que el sueño es realizable, aunque los demás me digan loco, porque en realidad no es un sueño sino una realidad, la razón incluso se rinde al contemplarlo, porque Quien lo ha creado Todo, “puede lo más”, sin duda puede lo menos, y así me lo manifiesta en este misterio de cariño y amor radical. Se me regala porque me quiere y no nos deja solos, sino que se nos da como alimento para no desfallecer y llegar a la meta. Cual “crédito blando”, porque yo no puedo solo, se me regala para que lleve a cabo la Obra que Dios ha hecho en mí al regalarme ser su hijo. ¿Y cómo se lo pago?  Se lo devuelvo siendo fiel al plan de Dios para mí, eso es ser fiel a la propia vocación, desarrollando mis “talentos”, siendo su hijo y “a mucha honra” no a escondidas, sirviendo a los que me rodean, poniendo a su disposición lo que el Señor me ha regalado. El árbol que da fruto no lo da para sí mismo, lo regala, lo entrega, aunque como le pone el “corazón” al producirlo lo regala con semilla, con “marca registrada”. El que goza de ese fruto tiene la posibilidad de imitar, de reproducir al que se lo regaló…. Atrevámonos a imitar al Señor que se nos regala y en todo lo que hagamos que se note en Comunión con Quién vivimos.

Que Santa María Nuestra Señora la que primero sirvió de Sagrario nos ayude a disponernos a serlo como Ella cada vez que nos acerquemos a comulgar.