11 Mar 2015

Bruno Baranda, José Antonio Garcés y Alfonso Swett – En presencia de una sociedad herida

“Evidencias de la profunda crisis moral y de valores, no solo podemos encontrarlas en los casos de abusos y faltas graves que involucran a autoridades, políticos y empresarios, sino también en conductas abusivas diarias, como la evasión en el Transantiago, el uso fraudulento de licencias médicas…”.

Como organización conformada por empresarios, ejecutivos y profesionales, que insta a las personas a conducirse con apego a la ética en la toma de decisiones y con respeto a la dignidad de las personas en el desarrollo de las actividades empresariales, manifestamos nuestra profunda preocupación frente a lo extendido y reiterado de diferentes casos en los que han aparecido como protagonistas empresarios y ejecutivos, funcionarios públicos, autoridades, parlamentarios y políticos.

Si bien es cierto, muchos de ellos se han visto enfrentados a los tribunales de justicia, así como al juicio de valor y reproche de la sociedad, tales conductas han afectado también y muy negativamente el prestigio de instituciones y actividades fundamentales para el país en su objetivo de alcanzar un desarrollo humano e integral. La empresa y la iniciativa privada, las funciones de autoridad pública, legislativa y política, se han visto -en parte- gravemente dañadas e injustamente afectadas en la generalización que se ha hecho y en la condena pública, porque muchos son quienes se desempeñan en esas mismas actividades con nobleza, recta conciencia y apego a la ética al momento de tomar sus decisiones.

Poco a poco hemos ido tomando conocimiento de una profunda crisis moral y de valores que pareciera irse extendiendo en nuestra sociedad y arraigándose en nuestra cultura. De ello, no solo podemos encontrar evidencia al observar situaciones de abusos y faltas graves de alto impacto, en las cuales se han visto muchas personas involucradas -autoridades, políticos, empresarios y profesionales-, que debieron haber sido formadas para ejercer el poder en interés tanto de las instituciones en donde se desempeñan como de la sociedad y del bien común, sino que podemos observarlo en otras actuaciones cada vez más comunes, aunque de menor gravedad e impacto.

Nos referimos a conductas abusivas en la vida diaria de la comunidad. Ejemplos pueden ser la masiva evasión en el Transantiago, el uso fraudulento o abusivo de licencias médicas, la morosidad y deudas impagas de instituciones públicas y de empresas con sus proveedores, los abusos de poder, etcétera.

Son múltiples las voces que claman por una mayor coherencia y probidad, así como mayor transparencia en el ejercicio de las responsabilidades de quienes detentan posiciones de poder. Desprestigiadas las instituciones, deteriorados los referentes tradicionales y sufriendo un profundo vacío de liderazgos creíbles, la sociedad se rebela y los juzga cada vez con mayor rigurosidad, poniéndose en tela de juicio la concepción que tenemos de sociedad, de democracia, de libertad, del bien común, del derecho de propiedad, así como de la importancia y rol social de la empresa, de la responsabilidad reguladora del Estado, y, del mismo modo, de la virtud de nuestras autoridades, líderes políticos y parlamentarios.

El manto de duda y de sospecha que cae sobre el empresariado y sobre la clase política será difícil de levantar. Sin embargo, es vital hacerlo, y todos deberíamos abocarnos a ello, en especial quienes sentimos un llamado a comprometernos con el futuro de nuestro país. Nadie puede sentirse excluido de esta convocatoria, a fin de evitar que Chile siga cayendo en una espiral de debilitamiento y destrucción de nuestras instituciones y referentes, que finalmente terminarán por afectar, en forma irremediable y profunda, nuestra convivencia.

Remecidos por todo lo que ha ocurrido en los últimos meses, nos encontramos en una etapa de profundos cuestionamientos, autocrítica y reflexiones, de las que esperamos emerjan luces positivas. Hoy necesitamos liderazgos coherentes y valientes, que elijan el bien, aunque ello conlleve costos a corto plazo. Líderes que no teman estar bajo el foco y el escrutinio público, por el hecho de que sus acciones sean buenas al tener el corazón en el lugar correcto y no en un interés personal abusivo.

En este contexto de profundos cambios y de pérdida de referencias, desde USEC hacemos un llamado a actuar conforme con una recta conciencia, a la luz de la doctrina social cristiana, sobre dos pilares básicos: la dignidad humana y el bien común.

Bruno Baranda, presidente USEC.
José Antonio Garcés, past president USEC.
Alfonso Swett, ex director USEC.
Publicación: El Mercurio, miércoles 11 de marzo de 2015.