22 Nov 2022

Adviento: esperanza y vigilancia – P. Hugo Tagle

Iniciamos un nuevo ciclo litúrgico con el tiempo de Adviento. La Iglesia vive “de adviento en adviento” ya que es la actitud que nos caracteriza: la segunda y definitiva venida de Jesús. De ella no tenemos certeza. Pero sí tenemos certeza de nuestro propio encuentro con Él, cuando nos llame a su encuentro. De ahí que el Adviento es tiempo de preparación para Navidad pero también preparación y recordatorio de nuestro peregrinaje hacia el encuentro con Dios.

Apreciamos el amor de Dios con dos actitudes que el Adviento nos recuerda: la esperanza y la vigilancia. Tener esperanza no es lo mismo que esperar. Esperar “con esperanza” es estar convencidos de que llegará algo que supera nuestras fuerzas, en nuestro caso el Reino de Dios en su plenitud. 

Adviento es tiempo para alimentar la virtud de la esperanza. Jesucristo esperó siempre activamente la venida del Reino, su plenitud, a pesar de los fracasos momentáneos. Y cuando todo parecía hundirse, él sigue fiel. A la esperanza la complementa otra actitud imprescindible a la que nos invita el Adviento: Vigilancia. Jesús nos dice: “Estén en vela porque no saben qué día vendrá su Señor”. Vigilar exige tener los ojos abiertos y cuidar con responsabilidad. Vigilar ante la llegada de Dios equivale a estar despiertos, en disposición de servicio, atentos ante el futuro sin descuidar el presente, abiertos a reconocer la presencia de Dios en nuestra vida.

El tiempo de Adviento es tiempo de renovación y conversión. Es la preparación próxima a Navidad, el nacimiento de Jesús en Belén ¡No hay Navidad sin Jesús! Y es tarea de los cristianos recordarle esa gran verdad a todo el mundo.

La Iglesia nos invita a rezar más, hacer una buena confesión, alguna renuncia en el plano material y obras de caridad. Participemos de las cientos de campañas de solidaridad en parroquias, colegios y capillas ¡Que ningún niño se quede sin un regalo! 

Dios viene a cada uno en forma personal. En el Adviento repetimos la invocación: ¡Ven, Señor!, –como en el padrenuestro pedimos ¡venga a nosotros tu Reino!–, en realidad, no pedimos tanto que venga el Señor –ya está en nosotros– como que cada uno de nosotros comprenda y viva la presencia y la acción amorosa del Dios que viene a nosotros. Y que de ahí surja la respuesta de corresponder a su amor, a su venida constante.

Al iniciar un nuevo Adviento descubramos a Dios como Padre, origen y causa de todo bien, y pidamos crecer en esperanza y en el amor que reaviva nuestra ilusión de vivir.

Pidamos con fe ¡Ven Señor Jesús! Que nazca en todos nuestros hogares, en el corazón de cada uno y nos traiga paz, alegría y amor.