Marcela Bravo – El rol vital de las empresas en el desarrollo sostenible
Si el mundo fuera una comunidad de 100 personas, dos de éstas serían dueñas del 50% de la riqueza mundial y 50 personas compartirían el 1% de la riqueza del mundo. 15 tendrían hambre y malnutrición.
Si el mundo fuera una comunidad de 100 personas, dos de éstas serían dueñas del 50% de la riqueza mundial y 50 personas compartirían el 1% de la riqueza del mundo. 15 tendrían hambre y malnutrición. 16 no contarían con agua potable. 39 no tendrían instalaciones sanitarias básicas. 20 consumirían el 80% de la energía total. 15 no sabrían leer. Si tienes comida en el refrigerador, ropa en el clóset, una cama donde dormir y un techo sobre tu cabeza, estás mejor que el 83% de la población. Este elocuente y didáctico modo de resumir las importantes brechas sociales que persisten en el mundo (extraído del libro: “Si el mundo fuera una aldea de 100 personas”, de Ikeda Glass Kayako y C. Douglas Lummis), nos brinda un buen contexto y devela la tremenda relevancia del desafío que como humanidad compartimos para encaminarnos a un desarrollo más inclusivo e integral.
En nuestro país, 28 organizaciones -entre las que se incluye USEC- provenientes del ámbito público, privado y de la sociedad civil, han dado un importante paso,en la senda correcta, para acercar a nuestro país al cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Éstos fueron definidos en la Cumbre para el Desarrollo Sostenible de la ONU.Los 17 objetivos apuntan a poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia, y hacer frente al cambio climático. Por ello, el 15 de junio tuvo a lugar el encuentro “Diálogos para un Chile Sostenible”, en el Centro Cultural Estación Mapocho, que marcó un hito de inicio en el camino que sólo podremos recorrer en unidad, confianza y diálogo.
Para que podamos siquiera soñar con acometer tan importante desafío, es fundamental que las empresas y el sector privado tengamos claro el rol vital que nos compete y la responsabilidad que tenemos en cuanto a trabajar por el cumplimiento de los objetivos del desarrollo sostenible. Las empresas, como actores relevantes, tenemos el potencial de contribuir significativamente al desarrollo económico, social y medioambiental de los países, tanto directamente a través del desarrollo de sus operaciones, como mediante la relación con sus stakeholders, incluyendo a las comunidades en donde están insertas. Una forma tradicional de concretar el aporte de las empresas han sido las acciones filantrópicas que pudieran apuntar a uno de los ODS, como es la superación de la pobreza, pero hoy es imperioso ir mucho más allá.
Las empresas debemos mirar la relación con la sociedad desde una óptica más amplia, desde una responsabilidad social que genere un importante círculo virtuoso que fortalezca la relación con todos sus grupos de interés, a través del desarrollo de productos y servicios innovadores que sean un aporte a la comunidad, la creación de condiciones para un trabajo digno e inclusivo que genere bienestar para sus colaboradores y apoye el desarrollo económico, un trato justo y de mutuo beneficio con sus proveedores y acciones concretas para el cuidado del medioambiente que ayuden a combatir el cambio climático.
Aquellas empresas que se atrevan a embarcarse en acciones alineadas a los Objetivos de Desarrollo Sostenibles podrán demostrar que es posible generar valor más allá de la rentabilidad, y así también restituir la confianza de la sociedad. Es además, una manera de abordar no sólo los derechos que exigimos como sociedad, sino también hacernos cargos de los deberes aparejados.
Esperamos que este rico debate que se articula entre tantos actores, siga un curso exitoso, incorporando diversas miradas, incluida la de la doctrina social de la Iglesia, que a través de sus encíclicas nos incentiva a cuidar nuestra “casa común”. En especial, la encíclica Laudato Si apunta al centro de lo discutido en torno a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, transformándose en un llamado a a hacernos cargo de los principales problemas ecológicos de nuestro tiempo, a fin de lograr una coherencia con el cuidado del medioambiente, teniendo en consideración el efecto que las acciones de los seres humanos tienen sobre los recursos del planeta y sobre la sociedad en su conjunto.
La mirada desde la encíclica Laudato Si está en línea con el llamado a que las políticas públicas se aborden de una manera participativa, desideologizada, partiendo de la realidad de las personas cuyas necesidades se pretende abordar, y en las cuales las empresas tienen el deber de aportar incorporándolas en su gestión cotidiana.
Marcela Bravo P., Directora USEC.
Publicación: Pulso, miércoles 29 de junio de 2016.
