31 Ene 2016

Miguel Luis Lagos – Congreso del futuro: La necesidad de encauzar el nuevo paradigma

Mucha atención concitó el Congreso del Futuro, recién concluido. Quizás esto se deba a que hemos llegado a un punto de inflexión en el que nos damos cuenta de que no podemos seguir progresando con las mismas fórmulas de siempre, cada uno en su trinchera, sumidos en la desconfianza y en el afán de obtener el máximo beneficio personal.

Mucha atención concitó el Congreso del Futuro, recién concluido. Quizás esto se deba a que hemos llegado a un punto de inflexión en el que nos damos cuenta de que no podemos seguir progresando con las mismas fórmulas de siempre, cada uno en su trinchera, sumidos en la desconfianza y en el afán de obtener el máximo beneficio personal. Nuestro planeta no puede por otra parte, seguir soportando el nivel de consumo y contaminación actual, como bien quedó explícito en este congreso y se hace patente la necesidad de cambio de perspectiva y de paradigma de desarrollo.

Quizás por eso, en medio de las conferencias y demostraciones con los máximos exponentes de la ciencia, la medicina, la nanotecnología, la robótica, los súper alimentos, etc., fueron invitados a compartir sus reflexiones, expertos del ámbito de las humanidades y las artes,  ya que el cambio que inevitablemente se viene debe ser apropiadamente encauzado, gobernado si se quiere, para que vaya en el interés genuino del ser humano y no nuevamente, de un puñado de privilegiados.

Asegurarnos esta vez que el nuevo modelo de progreso tenga como centro al ser humano, con una renovada conciencia de nuestros derechos, obligaciones y nuestro lugar en el mundo.

En este marco fue muy interesante la conferencia dada por Michael Sandel, proveniente del ámbito de la filosofía y las ciencias políticas. Habló de su visión de lo que tiene que cambiar del actual modelo económico y por rebote, de la democracia, para sostener el futuro de la sociedad. Se refirió a las luces y sombras del modelo económico neoliberal, que ha permitido grandes avances a los países que lo han aplicado, tales como el crecimiento en el PIB, el aumento del ingreso per cápita, aumento del empleo, etc. Pero también, afirmó, ha provocado la profundización de la inequidad, la erosión de las comunidades, y de la solidaridad.

Llevamos décadas de capitalismo, en que los instrumentos del mercado, que son muy útiles para asignar eficientemente los recursos, han sido tratados como fines. Ha habido una primacía de los mercados por sobre la persona y el bien común. Los mercados deben servir también a los bienes públicos, para cumplir bien su rol. Por eso, el desencanto con la política está tan íntimamente ligado con el desencanto con el modelo económico.

La economía de mercado, en lugar de ser una herramienta, ha tomado un lugar tan central que según Sandel, nos hemos convertido en sociedades de mercado. En las que casi todo está a la venta, todo tiene un valor de cambio, incluso pasa esto en las relaciones interpersonales. Los valores que rigen el mercado trascienden el ámbito económico para predominar en la salud, la educación, la cultura, los medios de comunicación, etc. Lo útil,  productivo y pragmático, desplazan a otros valores necesarios para la cohesión social.

El problema cuando pasamos de economías de mercado a sociedades de mercado, es que el dinero se convierte en fuente de mayor inequidad aún. La desigualdad se evidencia no sólo porque el dinero, permita a unos pocos acceder a una vida de lujos y de consumo. Sino porque grandes masas de personas pierden acceso a derechos básicos, como una educación de calidad, una buena salud, vivir en barrios seguros, sin miedo y desesperanza. Pues de ese modo, no sólo en el mercado, sino en la sociedad, prevalecerá el más fuerte.

Discutimos mucho sobre la desigualdad, afinamos instrumentos para medirla, organizamos foros y conferencias para compartir estos diagnósticos, pero pese a todo ello, hemos sido muy ineficaces en encontrar soluciones. No parece ser la prioridad que declaramos que es. Y para Sandel, si la brecha entre pobres y ricos sigue siendo tan sideral, es muy difícil llegar a tener un adecuado sentido de comunidad, de pertenencia a un todo. Un muro infranqueable nos divide. Vivimos en ghetos de pobreza y de riqueza, como en burbujas que nunca se intersectan. Este escenario es muy negativo para la democracia.

Los problemas medioambientales que experimentamos hoy, son una consecuencia de esta desidia o indiferencia frente a cómo nuestras acciones afectan a los demás y nuestra resistencia a cambiar el estilo de vida al que estamos acostumbrados. La democracia no necesita de una igualdad perfecta, pero sí necesita que personas de diversos orígenes y situaciones de vida, sean capaces de encontrarse y de construir juntos su futuro. Que seamos capaces de convivir con una actitud inclusiva y colaborativa, para acometer desafíos de la envergadura de los que tenemos entre manos.

Miguel Luis Lagos Ch., director USEC, Empresarios Cristianos.
Publicación: ChileB.cl, domingo 31 de enero de 2016.