José Antonio Garcés – Malas prácticas empresariales de algunos, desprestigian a muchos
A nadie ha dejado de sorprender el caso Volkswagen. El castigo del mercado ha generado el desplome de sus acciones y el hoy ex presidente de la compañía se vio obligado a pedir disculpas públicas, manifestando que harán “todo lo posible por recobrar, paso a paso, la confianza perdida”. El problema es que la confianza cuesta mucho ganarla, pero muy poco perderla.
En USEC destacamos el valor del mercado y la noble vocación de ser empresario, pero se hace evidente que en gran medida los problemas del mercado surgen y radican en la incapacidad del hombre, que en el ejercicio de su libertad pueda aplicar o utilizar al mercado como un instrumento de bien común y no únicamente propio. Éste será virtuoso en tanto quienes operen en él actúen virtuosamente.
Cuando se toman decisiones de negocios basadas en una mirada únicamente economicista, sin hacerse cargo del “cómo” se logran estas ganancias, se hiere gravemente la confianza necesaria para que el mercado opere correctamente.
Este caso, al igual que otros que hemos conocido localmente, nos hace reflexionar profundamente respecto de la importancia de la ética en la empresa y en el mundo del trabajo, pues no sólo se pone en grave riesgo el negocio, como es la situación a la que nos referimos, con el desplome de las acciones y las pérdidas multimillonarias que se anticipan, sino porque también afecta el bienestar de miles de personas.
En primer lugar, a sus colaboradores que, sin haberlo querido, se ven involucrados en un fraude y desprestigio que hiere su dignidad, a sus proveedores y distribuidores cuyas ventas se verán fuertemente impactadas, a sus clientes que confiaron en el prestigio de una marca y en un producto que no cumple con los estándares ambientales exigidos, a sus accionistas por el enorme detrimento de sus inversiones, a su competencia que junto con los impactos al mercado accionario ve afectada su reputación como sector, y a la comunidad que verá reducidas sus opciones laborales y el desarrollo económico local.
Y, por último, nos afecta también a todos por el impacto en el medioambiente. Este daño a la ecología natural y humana es consistente con el mensaje del Papa Francisco en Laudato Si, quien afirma que todo está interconectado y que la degradación ambiental va de la mano con el declive social y ético.
Esta mala práctica empresarial nos debe llamar a reflexionar y revisar si nuestras decisiones de negocios pueden estar reñidas a la ética. No obstante, más allá de que perfeccionemos nuestros procesos y protocolos internos y endurezcamos las sanciones, lo que sin duda es altamente deseable, será finalmente,el testimonio coherente de nuestros equipos directivos con apego a sólidos principios éticos, la mejor guía de actuación para el resto de los integrantes de nuestras organizaciones y garantía de la sostenibilidad de éstas. Es nuestra responsabilidad acometer este desafío.
Finalmente, también impone un reto a las escuelas de negocios y a la academia para entregar una formación mucho más integral a quienes ejercerán cargos de alta dirección de cualquier organización, pues sus decisiones afectarán positivamente o negativamente a parte importante de la sociedad.
José Antonio Garcés, past president USEC.
Publicación: HUB de Sustentabilidad, Pulso, miércoles 30 de septiembre de 2015.
