Soledad Neumann – Laudato Si: “Todos estamos conectados”
Quienes pertenecemos a la red de la Unión Social de Empresarios y Ejecutivos Cristianos, USEC, hemos dado la bienvenida a la esperada primera encíclica social del Papa Francisco, Laudato Si, que aborda el desafío de construir un desarrollo sostenible, con una mirada holística que une íntimamente la ecología ambiental con la ecología humana y social.
Con este documento, nuestro Pontífice demuestra una vez más, su sensibilidad tanto social, como política y comunicacional, puesto que sitúa el foco en una problemática que suele ser dejada de lado, para atender otras prioridades que nos parecen más urgentes que las consecuencias del desequilibrio ecológico. Así, se adelanta a la próxima cumbre sobre cambio climático organizada por la ONU, que se llevará a cabo en diciembre de este año en París y de la cual emergerá un compromiso vinculante para los países miembros. Ello es inédito. Recordemos que la cumbre de Kioto dio a lugar un compromiso que no todas las naciones estuvieron dispuestas a firmar, incluidas las que más contribuyen a la emisión de gases “efecto invernadero”.
Y es que el desafío medioambiental, es quizás, la prueba definitiva a nuestra humanidad. Me refiero a la capacidad que tiene el ser humano, de unirse para enfrentar las amenazas superando las diferencias; a su capacidad de innovar y de crear nuevas y asombrosas soluciones; su capacidad de proteger a los más débiles, a ser solidarios, incluso con quienes no están frente a nosotros (porque viven en otros continentes o son parte de las futuras generaciones); en definitiva, la capacidad de trabajar por metas de largo plazo y por el bien común.
Tamaño desafío implica una transformación cultural profunda. Dado que vivimos inmersos en una sociedad globalizada, dinámica, hiperconectada, la inmediatez y el cortoplacismo se han convertido en una tendencia humana. Ello, además de un desmedido consumismo, individualismo y la avidez por lo nuevo. La consabida “cultura del descarte”, que el actual Pontífice denuncia haciendo eco a sus predecesores. En efecto, el abordaje serio de las soluciones para enmendar los daños producidos al medio ambiente – “la casa común” – dirá Laudato Si, pasa por cambios profundos al modo en que producimos, comercializados y consumimos. Un cambio en definitiva, al estilo de vida que hoy conocemos.
Asimismo, se vuelve a poner el acento en el cuidado de los más débiles, que el Papa identifica con nuestro dañado planeta por un lado, y por otro, los pobres y vulnerables de todas las naciones, sobretodo de las zonas de nuestro planeta que están sufriendo más duramente los estragos climáticos provocados por la actual crisis (como África y algunos sectores costeros de Asia). Es importante el énfasis que se pone en la necesidad de priorizar el acceso a empleo estable para todos, puesto que ello dignifica al hombre y dado que las soluciones asistenciales siempre serán provisorias. Es importante no perder de vista ese elemento para que el diagnóstico que todos compartimos, no dé lugar a soluciones poco realistas, populistas o paternalistas, que asfixien la iniciativa y el emprendimiento. De hecho, el Pontífice habla de la importancia de dar espacio a los pequeños productores, a la pyme, impidiendo una hegemonía casi absoluta de los grandes holdings que dificultan la sana competencia, en pro de una “ecología económica” en la que todos tienen cabida.
Laudato Si recoge la noción que acuñó Juan Pablo II – Ecología Humana – en la cual, la mirada sistémica de la humanidad, permite ver los lazos invisibles que nos unen como miembros de la “gran familia humana“, en la que lo que sucede con cualquiera de sus miembros afecta al todo. Tarde o temprano. Por ello, la encíclica de Benedicto XVI puso énfasis en la necesidad de recuperar nuestro sentido fraterno, a la vez que practicamos la reciprocidad y la gratuidad no solamente en el ámbito de nuestras relaciones familiares y sociales, sino que en la economía, la política, la cultura y en cualquier interacción social. Puesto que en efecto, todos estamos conectados y somos ciegos si pensamos que procurar el beneficio personal inmediato es algo inofensivo. No basta con no hacer daño activamente a alguien, mientras procuramos el bien propio y de nuestra familia. Ello es insuficiente para construir un verdadero desarrollo integral y el bien común. Esa clase de indiferencia, tendrá serias consecuencias para la confianza y la cohesión social, y finalmente, se volverá contra nosotros; «La degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana ». (CiV, p. 51)
Por ello, si no somos capaces de respetarnos y cuidarnos entre nosotros, de hacernos cargo de quienes son más débiles (sobretodo de los ancianos, los enfermos, los no nacidos y el medio ambiente como señala el Papa), de postergar nuestra comodidad y en general, de ver más allá de lo que nos preocupa y afana en el hoy, ¿cómo seremos capaces de ser solidarios con las futuras generaciones que heredarán el planeta en las condiciones actuales? En efecto, el desequilibrio ambiental es correlativo a la falta de armonía en nuestras propias relaciones. En nuestro país, proliferan los ejemplos de dicha ruptura social, dejándonos inmersos en una conflictiva contingencia que nos impide ver cuál es el problema más serio que tenemos entre manos.
Por eso, Laudato Si nos llama a la unidad. Sólo así podremos superar este punto de inflexión. Seguir haciendo lo mismo versus un vuelco de corazón y de estilo de vida, del cual depende la sostenibiliad de nuestro planeta y de toda la raza humana. “ El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar… La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común”. (Laudato Si, p.13).
Soledad Neumann, directora ejecutiva USEC.
Publicación: iglesia.cl, martes 7 de julio de 2015.
