Luces de economía de dos Franciscos – P. Felipe Herrera
El mes de octubre se abre con la celebración en toda la Iglesia católica de la figura de san Francisco de Asís, aquel hombre del siglo XIII que ha fuertemente inspirado el actual pontificado, al punto de que el Papa lleva su nombre. Hijo de un notable comerciante de telas de una próspera ciudad del centro de Italia, san Francisco abdicó a un promisorio futuro en el seno de la creciente burguesía post feudal, y abrazó una vida marcada por su desposorio con la pobreza (no con la miseria). Enamorado de Jesucristo, quiso vivir el Evangelio con radicalidad y se hizo mendicante. Se empeñó en anunciar la Buena Nueva no solo de palabra, sino eminente y primordialmente con sus actos, siendo el primero de estos la disponibilidad total de su persona para darse a Dios y a los demás. Así, no quiso pertenencias, sino ser ofrenda. Su pobreza fue disponibilidad total para el servicio; su austeridad, desasimiento de lo superfluo; y su gozo en la sencillez fue la prueba de que, como dijo Jesús, “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35).
Pero, ¿cómo este modo de vida, que prescinde de la producción y no genera ningún tipo de riqueza material, puede iluminar la economía actual? El Papa Francisco ha encontrado en su homónimo una clave para proponer y promover una economía que humanice y no que mate. Así lo ha dicho en reiteradas ocasiones el Santo Padre. La apertura del santo de Asís para acoger a todos los que encontraba en su camino hablan de aquella inclusión que ha de tener una economía integral, como sugiere el Pontífice. Una inclusión y una cooperación que se han de manifestar sobre todo en la consideración de los marginados del desarrollo, no solo como objetos de estudio o de asistencia, sino como sujetos protagonistas de un nuevo orden. La visión de periferia que ofrece san Francisco al hacerse hermano de los más pobres es una de las propuestas esenciales del Papa para una economía que dé vida y en la que el valor creado circule continuamente entre todos.
San Francisco de Asís tenía una relación particular con la Creación, con aquello que el Santo Padre ha llamado la Casa Común, cuyo cuidado ha atribuido a la responsabilidad de cada persona y de toda la humanidad. Pero el Papa no se queda en la mera naturaleza al describir esta Casa Común, sino que profundizando en la concepción franciscana, ha recordado tantas veces que la casa no es solamente el espacio físico que habitamos, sino que es la comunidad en general, constituida de relaciones, y que se concreta en barrios, ciudades, naciones, etc. De ahí que una economía sana y vivificadora fortalezca las relaciones humanas y no las dañe mediante brechas que resquebrajan (o definitivamente quiebran) el tejido social. Por eso, bebiendo de la sabiduría de san Francisco de Asís, hoy el Papa asegura que los economistas y empresarios que entren en estas dinámicas son verdaderos artesanos de paz en medio del mundo.
