Crecer en humildad, viviendo al servicio de los demás – P. Carlos Irarrázaval
Reflexión correspondiente al Evangelio del domingo 5 de noviembre de 2023 (Evangelio según san san Mateo 23, 1-12).
Nos regala el Señor este domingo, a través del Evangelio de San Mateo, una invitación a crecer en humildad, viviendo al servicio de los demás. El Señor nos enseña con su ejemplo, no sólo con las palabras. El cristiano mirando a Cristo aprende a ser cristiano, se nos invita a ser cómo Él.
El mundo, en cambio, nos empuja muchas veces a sentirnos más que los demás, buscando el éxito, el primer puesto, como un ideal, como un imperativo. Se nos invita a veces a caminar en la vida, de cara “al qué dirán”… se llega a extremos a veces de terminar siendo esclavos del “qué dirán”.
Es muy fuerte lo que denuncia el Señor, delata la inconsecuencia de los Maestros de la Ley y de los judíos los más estrictos en vivir según la ley mosaica. Hagan lo que ellos dicen pero no hagan lo que ellos hacen.
Nos toca en la vida tener cargos de autoridad, gente a nuestro cargo, tener que disponer, dirigir, discernir, en buen chileno, “cortar el queque”. ¡Y eso cuesta! El Señor nos regala una clave para poder hacerlo bien: hazlo siempre poniéndote al servicio de los demás, hazlo siempre como si tú fueras el último, el que no tiene ningún poder y quiere servirlos a todos.
Si logramos en los cargos de autoridad que nos tocan, como padre de familia, como líder, como jefe en el trabajo, como emprendedor, como empresario, como lo que te toque ser –yo también como párroco–, si logramos ponernos al servicio de aquellos a los que tenemos a nuestro cargo, podremos tener la verdadera Autoridad. Si nos toca estar a la cabeza tenemos que ponernos a los pies del otro. La verdadera autoridad no te la da el puesto, te la da el cómo vives y ejerces tu cargo. Vívelo al servicio de los demás y lo que dices, pides o mandas, trata de llevarlo a cabo primero contigo mismo.
Dios permita que nunca digan de nosotros lo que el Señor tuvo que decir de estos maestros de la ley y de esos fariseos. Ojalá se diga, hazlo como él, que no sólo lo dice, lo hace, lo vive…
En lenguaje deportivo, ya que estamos viviendo y gozando de los Juegos Panamericanos estos días, el Señor nos dejó la “vara alta”. Pero no se nos olvide que Él se encarnó y se hizo hombre, en todo igual a nosotros menos en el pecado, para así mostrarnos que yo también puedo hacerlo como Él. De nosotros depende lograrlo, aunque para ello necesite mucho esfuerzo y entrenamiento y quizás un buen director técnico… que me delate mis malas prácticas, las que me llevarán a lesiones fatales en la relación con los demás y conmigo mismo.
Agárrate de los Santos a los que acabamos de recordar, a tu santo patrono y sigamos su ejemplo de fidelidad y heroísmo en la vivencia de las virtudes y los consejos evangélicos. Qué nadie nos diga que nosotros no podemos serlo.
Dios te bendiga.
