21 Jul 2023

Constructores del Reino de Dios – P. Carlos Irarrázaval

Este domingo el Señor nos regala estas parábolas del Reino. Son tres y todas comienzan diciendo “El Reino de los Cielos se parece a”. Nos encantaría saber cómo es el Reino, ¿o no? Quisiéramos que nos lo describieran con lujo de detalles, ojalá algún conocido que ya partió volviera a contarnos… 

Aquí es el mismo Jesús el que sale a nuestro encuentro con sus parábolas para invitarnos de alguna manera a asomarnos al Misterio del Reino, que nos sobrepasa. Todos hemos sido Creados para Dios, pero de nosotros depende ser de Dios y vivir según sus consejos. San Agustín nos enseña que “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti “.

En la primera parábola se nos regala contemplar, cómo al final es claro quién es de Dios y quién no. Las hojas del trigo y la cizaña son parecidas al principio y en el sembrado se confunden, pero al final las espigas son muy diferentes y fácilmente se separan. En el juicio final es claro quién es de Dios y quién no, es imposible camuflarse. 

Nos cuesta hablar del “juicio”, pero es claro que lo hay y al parecer, más que decidir Dios quién se salva y quién no, es notorio que es cada cual el que por sus opciones vitales va marcando su vida y su eternidad. En el proceso de la vida terrenal a veces se camufla el mal en medio del bien, el malo se nos presenta como bueno, pero es claro que al final es indiscutible quién es de Dios y quién no. 

Las otras dos parábolas nos muestran cómo el Señor se nos regala a veces a través de cosas que parecen insignificantes pero al acogerlas llegan a ser tan grandes y dar protección y vida. El pájaro que llega a anidar nos muestra al hombre que es de Dios, no sólo acoge el don de Dios, lo trabaja y desarrolla (la semilla de mostaza) sino que se dispone al servicio a los demás prestando cobijo en lo más precioso cómo es el dar vida.

Es la levadura del Evangelio y las enseñanzas del Señor, que en medio de este mundo herido por el pecado son capaces de hacer fermentar toda la masa y ayudarnos a construir el Reino aquí en la tierra. Desenmascaremos a la cizaña y a su sembrador, que sigue rondando buscando dividir y reinar con la mentira, la mediocridad y la idolatría del tener, del placer y del éxito pasajero.

Que Nuestra Señora del Carmen, a quien con cariño singular celebramos el domingo pasado, la que flamea en la Estrella de nuestra Bandera, sea la que nos ayude a mantener al tope los ideales del Evangelio en nuestra vida para que, iluminando tanto nuestra vida personal como la profesional, nos permita ser constructores del Reino de Dios para que, el día de la cosecha, desde esta patria terrenal partamos a la Patria inmortal del Cielo para alabar y bendecir a Dios como hijos suyos que somos.