Vivir como ciudadano del cielo – P. Carlos Irarrázaval
La Iglesia nos regala en este tiempo pascual esta lectura de San Juan a sus apóstoles en el contexto de la Última Cena. Les dice “No se inquieten”; y hoy nos lo dice a nosotros frente a lo que nos toca vivir en el Chile de hoy marcado por la crisis económica, política, moral y de autoridad, en pleno día de elecciones para tratar de mejorar el marco legal constitucional.
Vivimos con los pies en la tierra, pero a veces también con el corazón y la cabeza enterrados. El Señor, en cambio, nos invita a vivir mirando al cielo… la casa de mi padre tiene un lugar para ti, para mí, para cada uno. Te está preparado un lugar en el cielo porque fuimos creados por Dios y para Dios. Nosotros, en cambio, seguimos plantados aquí en la tierra… enterrados.
Qué clave es para el cristiano vivir en la tierra como peregrino sabiéndose ciudadano del cielo y, por lo tanto, mirando siempre con perspectiva de Eternidad. Esa mirada de trascendencia en los negocios, en el estudio de un emprendimiento, en la casa y en la calle, en todo el quehacer de la vida personal y social, es un salvoconducto para lograr la felicidad, no sólo futura sino también la actual. El que tiene puesto el corazón en Dios, nada le turba, nada le espanta, porque “quién a Dios tiene nada le falta”, y eso en plena crisis se palpa.
Sin embargo, aunque somos cercanos al Señor, nos pasa lo del pobre Felipe: no vemos lo que el Señor a cada rato nos muestra. Las cosas de este mundo son tan pegajosas que no nos dejan volar alto. Las preocupaciones del día a día nos encandilan y nos impiden ver con perspectiva de eternidad. El Señor nos quiere con Él, nos creó para Él y nos muestra el camino a Él y sin embargo nosotros seguimos sin caminar por sus huellas, buscando rumbos propios y cada cierto rato frente a nuestras dificultades, exigiéndole que nos muestre el camino que ya hace mucho tiempo nos ha mostrado. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere escuchar. Nos lo decimos al espejo…
¡Nuestra humanidad herida por el pecado nos vuelve hacer tropezar con la misma piedra y caer en el mismo hoyo! “Muéstranos al Padre y eso nos basta”, le dice Felipe… Y el Señor también hoy nos contesta “aquí estoy junto a ti todo el tiempo, pero respetando tus opciones; aunque me duela cuando haces lo que te desfigura, porque libre te creé y tú tienes el timón del rumbo de tu vida. Pero no dudes que te quiero y te tengo un lugar conmigo, si tú lo quieres”. Clava el timón hacia el Señor y, aunque la tempestad arrecie, llegarás a Él. De ti depende decidirte a caminar a Él.
