17 Nov 2022

“Hoy… conmigo… en el Paraíso” – P. Felipe Herrera

Este domingo termina el año litúrgico con la Solemnidad de Cristo Rey. Es una fiesta que nos presenta a Jesús como Rey del Universo, pero ciertamente como un monarca desconcertante según nos describe el evangelio de hoy: su trono es la cruz del suplicio y su corona es de espinas que lo hieren encarnizadamente. Es un rey que muere injusta, pero libremente, al estilo de un delincuente, y lo hace junto a dos malhechores. Hasta el final de su vida Jesús se configura con los pecadores, con los peores, con los condenados, y todo esto con el fin de salvarlos, amándolos hasta derramar su preciosa sangre por ellos… y por nosotros, también pecadores.

En este contexto atroz, uno de los delincuentes, habiendo confesado públicamente sus culpas, clama la misericordia de Jesús, quien no demora en asegurarle que “hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Ese “hoy”, propio del evangelio de san Lucas, no solo hace referencia a ese día histórico de la crucifixión de Cristo, sino que alude al hoy cotidiano de nosotros. Es el “hoy” de nuestras vidas concretas, de nuestras familias, de nuestras empresas, de nuestra sociedad, todas realidades que muchas veces justa o injustamente se encuentran sometidas a dolores que parecen insoportables, a decadencias colectivas e institucionales que parecieran ser irremontables. Y, sin embargo, nuestra fe nos da la certeza que en ese “hoy” actual y cotidiano siempre está presente Jesús. Es el Dios-con-nosotros, y de ahí el “conmigo” que le promete al malhechor arrepentido, abriendo para él y para nosotros un horizonte de esperanza mucho más amplio que cualquier pesimismo.

La convicción de la permanente compañía de Dios en nuestras vidas, de ese Dios que asumió nuestra naturaleza herida para redimirla, nos permite vislumbrar una existencia plena en la eternidad y que acontecerá en un Reino del que seremos parte. Será una vida definida y caracterizada por el amor hasta el extremo: amor de hermanos, amor que se hace compasión, amor que se transforma en perdón, amor que genera unidad, amor que se expresa en solidaridad, amor que se realiza en vínculos interpersonales de completa gratuidad, respeto, justicia y entrega incondicional por el bien de los demás. Ese es el Paraíso que Jesús le promete a quien muere a su lado, pero que puede adelantarse ya en nuestra existencia terrenal. De ahí que recemos siempre “venga a nosotros tu Reino”.

La promesa de una vida eterna en el amor y en la fraternidad perfecta ha de ser nuestro principal aliciente para que colaboremos a que en el “hoy” de nuestra historia todo el género humano pueda pregustar más y más desde ya de la plenitud que nos aguarda. El Paraíso prometido puede comenzar y ha de comenzar hoy, y nosotros, cristianos, tenemos una enorme responsabilidad para que eso sea un acontecimiento actual, en especial para los crucificados de hoy, y no solo una promesa futura.