12 Oct 2022

“Orar siempre sin desanimarse” – P. Carlos Irarrázaval

Nos impresiona esta parábola del Señor, porque habla de un juez injusto, y ellos tienen por deber y vocación hacer justicia, no llegan a su oficio sin antes dar claras señas de que saben las leyes y dan confianza de hacerlas cumplir. La gente cree en ellos, les reconoce su autoridad, se lo han ganado por velar por la justicia, su servicio, su experiencia, su autoridad dan confianza y credibilidad. Por eso es juez y se lo reconoce como tal. 

Este juez no cumple con su deber, se cree más que todos los demás, no le teme ni a Dios ni a los hombres. Llegó a la cúspide de la confianza de todos y se le reconoció la autoridad para juzgar y sin embargo “se le subieron los humos a la cabeza”, se adueñó de todo cuando solo era un administrador… algo así a veces nos pasa a nosotros… no somos dueños de nada, aunque nos adueñamos de muchas cosas… De los dones que Dios me ha dado deberé dar cuenta. 

La propiedad privada es un gran tema, cuando nos la quieren expropiar o no nos la reconocen nos rebelamos. Pero, si somos sinceros, a veces nos adueñamos nosotros de lo que en realidad es de Dios, no le damos crédito a Él como Señor de nuestra vida. Gran desafío es ponerlo a Él, el primero en todo. En cualquier empresa o desafío que asumamos, Él no solo debe ser el socio mayoritario sino nuestro Señor y Dueño, al que con alegría nos gozamos de servir. Él pone su confianza en nosotros y, cual gerente frente al “directorio de la Trinidad”, le debemos dar cuenta. A veces nuestro problema es que nos sigue tentando el “seréis como dioses” del pecado original, nos ponemos en el lugar de Dios, como si lo fuéramos, nos la creemos y hacemos y deshacemos, hasta que la realidad en el cara a cara de la muerte, se nos plantea cruda y simple como siempre se nos manifestó, que soy sólo una creatura y no el Creador.

La viuda es sinónimo de mujer débil y desprotegida, pobre “por definición”. Y el Señor en la parábola nos la pone para extremar el abuso del que se adueña de todo y mira en menos a los demás, pasando a llevar aún más brutalmente a los más débiles. En los tiempos recientes sin duda temas parecidos han remecido a nuestra sociedad. Teniendo más de lo que se necesita, se ha caído en la avaricia de querer más y más, incluso a costa de los más débiles. Pero Dios, aunque se tarde, siempre será un Juez justo, y hará justicia. Los tiempos de Dios pueden no calzar con el ritmo de los hombres y por ello nos descoloca pero, aunque tarde, llegará y se manifestará. 

Nos interpela el “¿encontrará fe sobre la tierra?”, como si nos dijera ¿estará Dios en su lugar de Señor, en el corazón de los hombres? O, cuando venga, el hombre lo habrá destronado creyéndose dios. Y, cuando llegue, porque llegará, ¿qué pasará? Tarde o temprano hará justicia y me corresponderá lo justo. ¿Creo esto? 

Gocémonos de ser Hijos de Dios creados por amor y llenos de alegría vivamos cada día agradecidos de los dones recibidos. Sepamos compartirlos y ponerlos al servicio de los demás y cuando el Señor llegue, aquí estoy Señor, tuyo soy, sepamos decirle agradecidos y sin temor.

Nos impresiona esta parábola del Señor, porque habla de un Juez Injusto, y ellos tienen por deber y vocación hacer justicia, no llegan a su oficio sin antes dar claras señas de que saben las leyes y dan confianza de hacerlas cumplir. La gente cree en ellos, les reconoce su autoridad, se lo han ganado por velar por la justicia, su servicio, su experiencia, su autoridad dan confianza y credibilidad. Por eso es Juez y se lo reconoce como tal. 

Este juez no cumple con su deber, se cree más que todos los demás, no le teme ni a Dios ni a los hombres. Llegó a la cúspide de la confianza de todos y se le reconoció la autoridad para juzgar y sin embargo “se le subieron humos a la cabeza”, se adueñó de todo cuando solo era un administrador… algo así a veces nos pasa a nosotros… no somos dueños de nada, aunque nos adueñamos de muchas cosas… De los dones que Dios me ha dado deberé dar cuenta. 

La propiedad privada es un gran tema, cuando nos la quieren expropiar o no nos la reconocen nos rebelamos. Pero, si somos sinceros, a veces nos adueñamos nosotros de lo que en realidad es de Dios, no le damos crédito a Él como Señor de nuestra vida. Gran desafío es ponerlo a Él, el primero en todo. En cualquier empresa o desafío que asumamos, Él no solo debe ser el socio mayoritario sino nuestro Señor y Dueño, al que con alegría nos gozamos de servir. Él pone su confianza en nosotros y, cual gerente frente al “directorio de la Trinidad”, le debemos dar cuenta. A veces nuestro problema es que nos sigue tentando el “seréis como dioses” del Pecado Original, nos ponemos en el lugar de Dios, como si lo fuéramos, nos la creemos y hacemos y deshacemos, hasta que la realidad en el cara a cara de la muerte, se nos plantea cruda y simple como siempre se nos manifestó, que soy sólo una creatura y no el Creador.

La viuda es sinónimo de mujer débil y desprotegida, pobre “por definición”. Y el Señor en la parábola nos la pone para extremar el abuso del que se adueña de todo y mira en menos a los demás, pasando a llevar aún más brutalmente a los más débiles. En los tiempos recientes sin duda temas parecidos han remecido a nuestra sociedad. Teniendo más de lo que se necesita, se ha caído en la avaricia de querer más y más, incluso a costa de los más débiles. Pero Dios, aunque se tarde siempre será un Juez justo, y hará justicia. Los tiempos de Dios pueden no calzar con ritmo de los hombres y por ello nos descoloca, pero, aunque tarde llegará y se manifestará. 

Nos interpela el “¿encontrará fe sobre la tierra?” como si nos dijera ¿estará Dios en su lugar de Señor, en el corazón de los hombres? O cuando venga el hombre lo habrá destronado creyéndose dios y cuando llegue, porque llegará, ¿qué pasará? Tarde o temprano hará justicia y me corresponderá lo justo. ¿Creo esto? 

Gocémonos de ser Hijos de Dios creados por amor y llenos de alegría vivamos cada día agradecidos de los dones recibidos. Sepamos compartirlos y ponerlos al servicio de los demás y cuando el Señor llegue, aquí estoy Señor, tuyo soy, sepamos decirle agradecidos y sin temor.