Fuego y División – P. Hugo Tagle
El contexto del evangelio de este domingo es el viaje de Jesús a Jerusalén, presentando las exigencias que conlleva para Él y cuántos lo siguen. Jesús adelanta un aspecto central en su seguimiento: quien lo sigue debe estar dispuesto a nadar contra corriente, ser signo de contradicción, experimentar incomprensiones, incluso el martirio.
Dos imágenes para iluminar nuestra fe: “Fuego y División”. Con ellas, Jesús nos provoca para que busquemos nuestro propio camino hacia Dios. Seguirlo será siempre un desafío. Ambas imágenes nos ilustran que seguirlo es una tarea valiente y exigente. En efecto, la fe es presentada como una lucha, no exenta de esfuerzos y peligros, como el mismo Cristo vivió la fe. Los profetas expresan en su propia carne que la verdad molesta y lleva a correr riesgos.
Muchas veces tendemos a vivir la fe desde nuestra “zona de confort”, en una situación de bienestar. En una suerte de “mundo ordenado” para nosotros. Sin embargo, la Palabra de hoy, nos mueve el suelo que pisamos. La fe tal como la vivió Jesús, nunca puede ser neutral. Nos exige hacer muchas opciones en la vida, negarnos a oportunidades reñidas con su mensaje. Decir no a situaciones o propuestas ajenas a Su voluntad. El creyente vivirá siempre con la cruz de la contradicción.
Jesús provoca y compromete con sus palabras. Nos invita a decidirnos por Él o contra Él. Jesús pone en guardia: seguirlo, podía llegar a dividir y a romper incluso a las familias. Para Él lo importante es la opción libre por Él, en toda circunstancia de la vida. Cada uno por sí mismo ha de tomar la decisión fundamental sobre su vida. Lo que cuenta es vivir la propia vida en coherencia de fe.
El gran pecado de los cristianos será siempre dejar que este fuego de Jesús se vaya apagando. ¿Para qué sirve una Iglesia instalada cómodamente, sin pasión alguna por Dios y sin compasión por los que sufren? La fe no es un placebo, una aspirina para pasar dolores o incomodidades. Cuando me sienta demasiado bien en mi situación de vida habrá que preguntarse si estoy imitando a Jesús y siguiéndolo realmente. Como María, estemos abiertos a la voluntad de Dios en nuestras vidas, para responder generosamente a lo que nos pide hoy.
