Menos ‘lapidación’, más misericordia – Mons. Cristián Roncagliolo
Queridos hermanos,
En este domingo el Señor nos interpela a movilizar nuestra misericordia en favor de los que se han equivocado, contrariando el pensamiento dominante. Como señala el Evangelio, sin ningún pudor, los fariseos se aprestan a lapidar a la mujer, a la pecadora. Ellos no miran en su propio corazón ni en su realidad de pecado sino que, simplemente, ven la paja en el ojo ajeno y se van en picada contra una mujer adúltera. Seguramente se sentían orgullosos de su acción ‘purificadora’ que los situaba como adalides de la moral.
El problema señalado es muy actual. Hoy vemos, con inusitado realismo, a personas que, siguiendo Twitter u otros medios, lapidan a otros, dejándose llevar por la mentalidad espontánea y maniquea que divide al mundo entre buenos y malos, situándose como jueces implacables anhelantes de ‘no contaminarse’. La liviandad enorme para enjuiciar, para ‘decapitar’ y para llevar a los otros a la ‘guillotina’ del escarnio público se ha vuelto un deporte que da rédito y que se aplica sin ningún pudor.
El Evangelio de hoy nos interpela radicalmente, enseñándonos que la convivencia social basada en el juicio y en el castigo inmisericorde es lo que realmente debemos extirpar de nuestra cultura. No hay que engañarse pensando que la alternativa es eludir o relativizar el pecado de la adúltera. El Señor no lo hace. Lo que hace es enseñarnos que su propuesta no pasa por el castigo violento sino que por suscitar que el pecador cambie de vida. Jesús cree en el hombre y la mujer, cree en cada persona y siempre está dispuesto a dar una nueva oportunidad para la conversión.
Puede que esta forma no sea popular hoy, porque estamos insertos en una cultura con visos maniqueos, acostumbrada a ajusticiar. Sin embargo, la manera de Jesús es distinta porque en su corazón está el perdón, la misericordia y la posibilidad de un cambio de vida.
Que estos días de cuaresma sean una invitación renovada para que aprendamos a juzgar menos, a perdonar más y, sobre todo, a no dejarnos llevar por las masas violentas que, por diferentes medios, evidencian que en su corazón hay deseos de lapidación. Dejemos las ‘piedras’, signos de juicio y de venganza, para abrazar el camino de la misericordia.
Buen domingo.

