Una actitud profética – Mons. Fernando Chomali
El Evangelio de este IV domingo del tiempo ordinario es notable. Lo primero que salta a la vista es el efecto de su predicación: Dar testimonio a favor de Jesús y quedar admirados de las palabras que salían de su boca. Este hecho nos enfrenta a nosotros, como Cuerpo de Cristo, a la pregunta de si nuestras palabras y nuestro actuar suscitan o no admiración. Esa es la dinámica del Evangelio: Jesús dice y hace, la gente lo ve, queda admirada y lo sigue. Si cada vez son menos los que creen en Dios y en la Iglesia es porque nuestra palabra no ha suscitado admiración, y menos nuestro actuar. Una seria reflexión al respecto es urgente porque hoy, más que nunca, la sociedad le da más crédito a lo que ve que a lo que oye.
Creo que a los católicos, a todos, nos hace falta tener una actitud más profética frente a los acontecimientos del aquí y el ahora de la historia. Tengo la impresión de que solemos leer lo que acontece en nuestra vida y en nuestro entorno desde nuestras categorías e intereses que no siempre coinciden con los del Evangelio. Ello nos sitúa en medio de la sociedad como uno más. Jesús asumió una actitud profética porque tenía claro que había que obedecer a Dios antes que a los hombres y sufrió el desprecio de muchos, hasta llegar a ser crucificado.
La anemia espiritual, un notorio gris pragmatismo para vivir la fe y la ausencia de hondura espiritual nos sitúa como una organización más dentro de muchas otras, y no como aquella que es capaz de penetrar en lo más hondo de la vida del hombre y mujer contemporánea ofreciéndoles salvación, sentido de la vida, y capacitándolos con la gracia de Dios para vivir en el amor de Dios y en la alegría que de Él proviene nuestra historia hasta el encuentro definitivo con Él. No sin razón el Papa Francisco advirtió del peligro de que la Iglesia se convierta en una ONG más.

